
Por eso, en ese no-lugar, nos encontramos con todos y con todo:
con Jesús de Nazaret y su proyecto del Reino,
con personas religiosas y no religiosas, creyentes, laicas, agnósticas y ateas:
es la espiritualidad sin apellidos.
Somos seres espirituales viviendo una aventura humana....
El acceso al no lugar de los mil nombres sólo requiere silenciar la mente, dejar de contarse historias mentales.
Y en ese silencio divino, emerge serena la quietud sin límites, la presencia autoluminosa, la mismidad de lo que es, el espíritu y la fuente, Dios mismo... " Enrique Martínez Lozano
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