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jueves, 4 de febrero de 2016

La chica danesa



Con permiso de filmaffinity en donde no sale muy bien parada, con permiso de amigos verdaderos expertos en estas cuestiones... Como no soy crítico de cine y en ello entiendo lo que mi trayectoria cinéfila me permite, me atrevo a recomendar la película "La chica danesa".
Y la recomiendo por la buenísima interpretación de sus dos protagonistas, sobre todo la de Alicia Vikander. La recomiendo por la capacidad del director de que el espectador de a pie como yo empatice con los sentimientos de los mismos, sobre todo con el del personaje de Einar Wegener-Lilli Elbe. Y sobre todo la recomiendo por sacar a la palestra esa lucha de tantas personas a la que muchos hemos estado ajenos. Una lucha que durante décadas se ha tratado de ocultar y se ha maquillado relegando a estas personas al terreno de lo irrisorio, de lo esperpéntico, de lo contra-natura.
Ayer salió en las noticias el caso de una niña transgénero que con tan sólo 5 años ya había conseguido, a través del propósito constante y tenaz de sus padres, poder cambiar su nombre. El testimonio de su madre es digno de mención por su madurez y equilibrio. Emocionaba el observar que hoy pueda hablarse en esos términos y que, aunque aun queda mucho en la consecución de los plenos derechos de estas personas, se haya creado por fin un caldo de cultivo importante para seguir luchando por ello abiertamente, sin clandestinidad, tabúes ni tapujos. Este avance ha sido posible gracias a la lucha de personas como Lilli Elbe.
Aunque la primera media hora de la película es algo aburrida, merece la pena verla, por lo dicho y por narrar esa auténtica historia de amor hasta el final.

domingo, 17 de enero de 2016

De celebraciones


Un signo representa una realidad existente y tiene tal fuerza en sí mismo que llega incluso a hacer presente esa realidad. Esto en el ámbito de lo espiritual cobra aun más relevancia porque el signo actualiza todo el significado sagrado de esa realidad. Si no hay realidad, no puede haber signo...
Me temo que la basílica del Gran Poder (al menos creo que por muchos años) no va a volver a llenarse, de los colores, los cantos y sobre todo de la gente que hoy la ha llenado.
Se ha bailado en la ofrendas con el ritmo armonioso de África. Ha sonado el cóndor pasa con las flautas de pan, se ha rezado en inglés, francés, guaraní, quechua. Colores de piel, colores en las vestimentas, instrumentos musicales venidos de muchos lugares... Todo esto ocurría ante la mirada atónita de la señora devota del Gran Poder que venía a su misa de domingo, ante el asombro de los que durante toda la Eucaristía pasaban por detrás del Cristo y se asomaban al cristal para observar el espectáculo, como si fuera a un acuario gigante, de los que estábamos al otro lado. (esperpéntico).
Pero lo señora volverá el domingo que viene y de nuevo "escuchará" su misa gris y átona. Y las personas emigrantes no serán protagonistas de nada más que de sus propias luchas.
Y como mucho habrá uno o dos templos en Sevilla en los que se le dé su lugar, el de los primeros puestos reservados a los que vienen "de la gran tribulación".
En un discurso sencillo, tierno, incluso en la línea de la misericordia y la compasión, el obispo auxiliar ha hablado de nuevo de una Iglesia de puertas abiertas. El Evangelio del día nos ha recodado el vino nuevo de la hospitalidad y del encuentro con el que nos viene a traernos una buena noticia.
Desde que andaba en estos menesteres nos afanábamos en transmitir la idea de la Iglesia como casa de todxs. Al margen de la gente de buena voluntad que se desgasta en la cercanía, en la acogida, a través del voluntariado o de incluso abrir las puertas de su casa, al margen de proyectos de este tipo de entidades concretas, poco ha cambiado, es más creo que hasta se ha perdido algo de lo que había.
Me pregunto si el signo también sirve para representar una realidad que no está pero que se sueña que esté.
Al margen de todo esto, sí que he celebrado. He celebrado el encuentro con gente querida, he celebrado la fe de aquellos que han creído a pesar de tanto rechazo, he celebrado la diferencia enriquecedora, el don de lo diverso, he celebrado la posibilidad de que todo eso sea real. El celebrado el recuerdo de los años en que comprobé que sí.
Prefiero quedarme con la idea de que lo vivido hoy, lo mismo que lo vivido en aquella tienda de los iraníes de Calais, o en la Pascua de Ceuta o en la mesa que compartíamos en la parroquia de los Pajaritos o en tantos otros momentos y circunstancias, actualizan algo que ya existe ni más ni menos que en el momento en que ocurre. El aquí y el ahora de la Eucaristía por el día de las migraciones de hoy ya estaba lleno de sentido. Eso no quita que de lo vivido nazca el deseo:
El de que en todos los templos del mundo, los últimos sean los primeros. El del que construyamos templos-hogares donde el encuentro desde lo profundo y todas sus manifestaciones externas sea posible. 
El deseo de que en esos nuevos templos-hogares no se hable solo de "cristianos" o de musulmanes" sino que esa dignidad común de la que hoy se ha hablado, sea la única bandera. Templos hogares en donde lo esencial sea el pilar para seguir hablando de lo diverso y lo característico.

sábado, 24 de octubre de 2015

El canto de Déborah


En la invitación al silencio profundo, podría parecer un insulto a los oídos, una molestia pertinaz que rompiera el ambiente creado. En el acompasado ritmo de la respiración consciente, del placer de sentir la vida que se mueve dentro, tu voz pudiera parecer estentórea... en lo sagrado de ese aquí y ahora, el insistente gorgoteo de tu garganta pudiera desentonar.
Pero no ha sido así. Precisamente el Misterio ha asimilado tu sonido como el mejor de los cantos, haciéndolo suyo, suave y expresivo. Es más, ha sido la forma en la que el Espíritu esta tarde se ha expresado, desapareciendo la dualidad entre el silencio y tu canto, siendo ambos una sola cosa- Ni siquiera el suave murmullo del agua de la fuente ha competido contigo en dulzura y ternura. Al contrario, te ha cedido el puesto.
He querido saber qué querías decirnos desde tu inocencia abstracta y bella, diferente, desde tu peculiaridad perenne y de moldes rotos. Pero no, no has tenido nada que decir. Tan sólo has cantado el canto profundo de los que ven a Dios, inefable, y en el que la mente se diluye sin contenido.
Quiero agradecer tu voz en el silencio porque nos has demostrado hoy que no hay distancias, no hay dos cosas contrapuestas: silencio y sonido, lo normal o lo anormal, lo que vale o lo que no vale... sino una sola expresión de la Vida que se manifiesta en su belleza y esplendor como quiere.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los burgueses de Calais: La última frontera

Documental de mi amigo Jesús Armesto con el que he tenido la suerte de acercarme de nuevo a las fronteras, en este caso a las del norte. En la ciudad de Calais, existe "the jungle", un campamento de lonas y plásticos en el que más de 4500 sobreviven como pueden con el único sueño de pasar a Reino Unido para vivir una vida mejor.

LOS BURGUESES DE CALAIS, LA ÚLTIMA FRONTERA. -TRAILER- Subtitulado español from ALMUTAFILM on Vimeo.

lunes, 24 de agosto de 2015

Poema a los que van y vienen

Poema a los que van y vienen (Parafraseando "In our tears" de Secret Garden)

En nuestras lágrimas va nuestro canto.
Cómo cantar en tierra extraña, extraños como somos de ojos y de miradas.
De historias y de nombres.
Muchedumbre somos ingente para muchos
gente que vamos y que pasamos
a la que se nos ve y a la que se nos deja de ver.
Que molesta un minuto de soslayo.
Nuestras lágrimas son nuestro pan
sustituto del que dejamos de trigo, centeno y maíz.
Nuestro corazón está roto de rajas en los muros de nuestras casas
de caminos y horizontes rotos.
Sólo tu palabra es lámpara para nuestros pasos,
palabra que brota desde el silencio de nuestros ancestros
que también caminaron haciendo senda.
Y el camino se hace estancia, de plásticos y aranceles,
de gases y de espinos.
Mientras los que entienden hablan y concretan
sin saber de fondo, sin sentir de cerca.
Y somos número, cálculo, estadística, masa, categoría
y dejamos de ser hombre, niño, mujer, persona.
Ten piedad de nosotros
Ten piedad de ellos.
Ellos y nosotros. Quién puso la barrera?
Veníamos de la gran tribulación y nos difuminamos en amasijo.
Danos la paz
Devuélvenos el ser, la carne y su aliento.
Danos la paz
Ten piedad de nosotros.
Ten piedad de ellos.

lunes, 10 de agosto de 2015

El agua que une

El agua que une.

Aunque no sea transparente y cristalina o quizás por eso mismo, estar dentro del mar rodeado de personas de los 5 continentes provoca una sensación extraña, positivamente rara.
Y es que es lo único así que ha podido llamarme la atención de la playa de la Malvarosa en Valencia. Desacostumbrado de las playas convencionales y mucho menos de las de grandes poblaciones de las que trato de huir casi por alergia, quizás, estos días me he vuelto más observador del aporte que tal situación podría suponer a mi experiencia. Y ese ha sido. Hindúes bañándose con sus saris, africanas con sus pelucas, latinoamericanos con su ruido gozoso y muchos europeos, sobre todo italianos y franceses (por supuesto españoles también). Todos y todas exprimiendo el gozo de mojarte en estos días terribles de calor. Juegos, bromas, risas, salpicones, gritos... Y así, de sopetón, podías verte rodeado de gente con 4 ó 5 tonalidades diferentes de piel. Una verdadera gozada para los que creemos que la diversidad es riqueza.
Pareciera como si el mar desdibujara los fronteras que se señalan en la misma ciudad en la que seguramente todos pernoctarían, barrios diferentes, bares diferentes, espacios en el parque diferentes... Sin embargo aquí nadie se cuestiona nada. Dos metros cuadrados rellenos del agua mediterránea en los que se producen los choques evidentes de los movimientos de las olas, de los intentos por nadar, de jugar, etc. Es como si el agua uniera lo que parece condenado a estar separado en otros entornos más naturales al ser humano. (Habrá muchos que evidentemente incluso huyan de estos contextos).
Era agradable observarlo y sentirlo...
... Bien es cierto que cada mochuelo en su olivo, o cada persona o grupo humano en su porción de agua determinada aunque estuvieras casi rozándote con el del otro continente... Y es que a pesar de lo dicho, falta el siguiente paso. Que el blanquito rubito mire a los ojos al de piel aceituna, y se pregunten los nombres y quizás las risas empiecen a ser por la misma chorrada acuática. Nadie conoce a nadie. Los sonidos del aire parece que dicen lo contrario, pero no es así. Todo se facilita para que sea, pero: "a mí déjame mojarme con los míos". Y dentro del mar, es como que casi, pero como que no.
Y se me ocurren que en esos contextos tan distendidos y a la vez tan necesarios sea para quien sea, podrían ser tan propicios para que se diera una real y efectiva interrelación más allá de las barreras culturales, raciales, religiosas... Nuestro reto está en pasar las fronteras de la mera tolerancia, primero para que no pase lo de los barrios de Francia, de EEUU, de Reino unido. Pero habrá que ir más allá, no sólo para que no ocurra el conflicto, sino para que se dé el descubrimiento del regalo que es el que en principio se muestra como diferente... el reto, decía, está en buscar los espacios donde se traspase esa barrera psicológica del rechazo, del miedo o de la precaución al "distinto". Espacios que favorezcan el mirarse a los ojos, aprender los nombres y las historias del otro, caminar juntos, soñar juntos, mojarse el uno al otro...

Quizás tengamos que meternos en el mar.

miércoles, 15 de abril de 2015

#JeSuisInmigrant

400 vidas, 400 rostros, 400 miradas, 400 historias... sueños, palabras, silencios, 400 familias dejadas atrás o llevadas también por delante... 400, un número que parece que en sí ya fuera una entidad. La entidad numérica... pero no, una a una trato de traer vuestras imagenes a este espacio pero no puedo porque no os conozco. Una a una vuestras vidas, uno a uno vuestros rostros, una a una vuestras miradas, una a una vuestras historias sin narrar... uno a uno vuestros sueños... 
26 minutos ha tardado la televisión pública que todxs pagamos en nombraros así, todos juntitos, porque tampoco os conocen. 26 minutos de irrelevancia, de solapamiento, casi de ocultación. 26 minutos en los que Rodrigo Rato, P. Iglesias, Maduro, el petrolero, la ley del aborto, etc. han sido más importantes que vuestras vidas perdidas una a una. No he podido hacer el recuento de minutos en otros canales, pero, casi por el estilo. Ciudadanos de segunda, de tercera o sin división. Los nadies (quién jugará con las palabras para traeros a la consciencia y a las conciencias si ya no esta Galeano?) Y nadie que diga #JeSuisInmigrant ni presidentes que se desplacen a la zona, ni manifestaciones de altos mandatarios repitiendo a una con el Papa que esto es una vergüenza, que ni uno más, que ya está bien de que el mar sea un cementerio. 

Descansad en paz. Frucificad en las luchas de los que no os olvidan, en la paz de vuestros países, en el consuelo de vuestros familiares, los únicos que os conservan, uno a uno, sin cifras de por medio.

viernes, 10 de abril de 2015

The land between

Hace poco he tenido la oportunidad de acercarme a la frontera sus con Europa. Historias de vida, historias sagradas por todo lo que en ellas se juega y porque nos la jugamos como humanidad como no comencemos a descalzarnos ante esta realidad y tomar partido por ella. Este interesante documental de David Fedele, nos acerca sin artificios a lo que se cuece en los montes del norte de Marruecos.

martes, 17 de febrero de 2015

Apuntes

Siento esta noche de manera especial la carga del dolor del mundo. Una sensación de zozobra y de congoja ante tanta crueldad. Hay una especie de locura que se contagia llegando a extremos insospechados de daño atroz al otro, al que se piensa distinto pero que comparte la misma esencia humano-divina. ¿Cómo son posible esos niveles de dolor infringido? ¿Como es posible hacer alarde de ello en un vídeo? Campamentos que se destrozan, niños que desaparecen, palizas, niñas secuestradas, mujeres violadas, hombres decapitados... La humanidad enloquece de violencia y no hay manera de que nos demos cuenta de que la fórmula no es salvaguardar como sea el status quo,  el modo, las formas, el sistema anterior. No es posible alimentar el odio con más odio, no se puede responder desde el miedo y teniendo como único criterio la seguridad personal o nacional.
Por mucho que todo esto nos provoque, la respuesta no puede ser la venganza, el sembrar más pánico, retroalimentar el animal de la violencia. Y no se trata de buenismo, sino de una cuestión de pragmatismo, si es que nos parece ñoño hablar desde otros términos. El vicario apostólico de Trípoli, no se quiere venir de allí y dejar solos a los cristianos a pesar de esa espiral cruel en la que vive el país, habla de un diálogo fraterno entre las civilizaciones (lo siento si suena a aquello que repetía nuestro anterior presidente del que muchos no querrán acordarse, pero en eso tenía razón).
No hay otra salida. Muchos gestos de encuentro entre líderes religiosos, manifestaciones claras y contundentes de los mismo hablando de la paz, de la tolerancia, de la reconciliación, muchos espacios y tiempos puestos al servicio de la acogida al que, en principio, parece distinto, al diálogo interreligioso, intercultural, a coincidir en lo esencial.
El miedo no puede ser la base para ninguna política, no podemos repetir imágenes, vídeos, manifestaciones de intolerancia, eso es seguir el juego a los que han perdido la cordura y seguir alimentando el monstruo del rechazo al otro, del recelo, de la sospecha continua.
El trabajo es arduo, cada vez más, pero nos jugamos el futuro de la humanidad. 
Una de mis películas favoritas, "Hijos de los hombres", narra un futuro hipotético en el que el caos y la violencia se han desatado en la tierra, a los inmigrantes se los encierran a todos en gigantescos centros de internamientos donde reina la inhumanidad, y las mujeres han dejado de poder tener hijos. Me gusta porque me parece de una clarividencia absoluta si no somos capaces de cambiar el rumbo de la historia. Cada vez veo más elementos parecidos a los que aparecen en la pelicula. Pero me gusta también porque ahí, en medio de esa terrible sociedad en la que el hombre es un lobo para el hombre surge una llama de esperanza, precisamente en una mujer negra, inmigrante.
Hay multitud de luces que deben guiarnos en el camino y que indican que también algo bueno está naciendo, aunque cueste mucho más poder verlo y que al final es lo que salvará a la humanidad. Hay que vislumbrar esas señales, propiciarlas, generarlas. Cambiar la inercia del miedo por la   de la confianza. Hay que rescatar la certeza de que nos une algo sagrado. Hay que sentarse, poner la mesa, hablar, hacer silencio, volver a hablar, mirarse a los ojos, conocer las historias desde el principio, poner nombres, aprendérnoslos, comer juntos, ceder, (sin perder el derecho conquistado), relativizar lo absoluto de mi creencia, de mi dogma, de mi forma de vivir y entender la vida, de mi ideología. Volver a hacer silencio, conectar con esa llama que es tuya y mía. Levantarse de la mesa para hacer camino juntos, volver a sentarse a ella para descansar... No queda otra, nos la jugamos.
#ProyectoBerakah.

viernes, 6 de febrero de 2015

A los fallecidos en el Tarajal, en el primer aniversario de su muerte

A los fallecidos de la frontera del Tarajal, en el aniversario de su muerte.
Del salmo 26 (Salmo del día de hoy).

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Aunque es de noche, tu luz no me falta. Nos hemos concentrado, unos 300 en la explanada. Los líderes nos han movilizado porque dicen que hoy puede ser un buen día para ello. Lo hemos intentado por la valla pero ha sido imposible. Un grupo de varias decenas nos hemos acercado a la costa. Hoy tenía que intentarlo. A pesar de que el mar sigue imponiéndome, hoy parece en calma de una manera extraña. Un grupo de amigos me ha animado a que me una a ellos. Son 10 meses viviendo en el bosque, esa situación de superviviencia, de alerta continua, de ataques a nuestros campamentos, de no poder avanzar ni retroceder, está mermando mis ánimos. El Señor me ha protegido todo el viaje, en Él he puesto mi confianza, no puede fallarme en estos últimos momentos. Las luces de la ciudad de Ceuta han sido durante este tiempo como el resplandor de la tierra prometida, una guía, un impulso... Nos dicen que es posible que la Guardia Civil esté al otro lado vigilando, pero son españoles, nos trataran mejor que lo han hecho los guardias marroquíés todos estos meses porque en Europa se protegen los derechos humanos. ¿A quien voy a temer Señor, si tú eres mi faro? Comienza a amanecer, adelante!
El Señor es la defensa de mi vida ¿Quien me hará temblar?
Somos un grupo numeroso, varias decenas. No sé nadar demasiado bien porque en mi país vivo muy lejos del mar. Pero temo por alguno de mis compañeros que todavía nadan peor que yo. Parece que no es mucha distancia. Hay que intentarlo. Tú eres mi fuerza, nada puede amedrentarme porque tú, Señor, vas conmigo. Hay que nadar rápido, sabemos que hay guardias a los dos lados. Es lo último que nos han dicho. Pero...
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla...
Suenan disparos. ¿Cómo es posible? Somos 30 o 40 personas desarmadas, indefensas, dentro del agua. Siento como una especie de proyectiles pasar cerca mía, no es posible! algunos compañeros gritan, comienza el caos... se siguen escuchando detonaciones y se ve humo, como de gases lacrimógenos... siento un impacto en mi hombro... el dolor es terrible, pero hay que seguir, mi corazón no tiembla, mi corazón no tiembla.
Si me declaran la guerra me siento tranquilo.
Pero por qué la guerra? Somos gente pacífica, sólo queremos realizar el sueño de una vida mejor. En el caos creado siento que hay compañeros que gritan por su vida. Son pelotas de goma y vienen de suelo español. A pesar de lo cerca que estamos es imposible llegar. Grito socorro, el dolor en el hombro no me permite seguir nadando, voy perdiendo las fuerzas. Creo haber visto algún compañero flotar, hay barcos alrededor que empujan cuerpos hacia el lado marroquí, no sé si vivos o muertos. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro... que mi confianza no desfallezca, me trajiste hasta aquí, no puedes fallarme. Quién llamará a mi madre?
Un impacto brutal en la cabeza me hace perder el conocimiento... Se acaba la angustia.
Ahora... él me protegerá en su tienda en este día del peligro. Me esconderá en lo escondido de su morada. Me alzará sobre una roca. Y allí seré baluarte contra la injusticia, piedra de choque para los exculpados, para los gendarmes de leyes que cercenan la dignidad, el Derecho, la Vida. Ahí, tropezarán y caerán. Me convertiré en bandera que recuerde lo que no se hizo y lo que se hizo mal. Levantaré mi cabeza ante el enemigo que me cerca.
No me rechaces, Señor. Tú sigues siendo el auxilio de los olvidados. Cantaré y tocaré para ti, después de la gran tribulación.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Acogeré

De Pepa Torres

Acogeré a quienes vienen del mar
O saltan la valla
Jugándose la vida en el intento,

perdidos, heridos, golpeados,
ante la indiferencia globalizada
de quienes juegan al golf impasibles

inhumanos…
Antes quienes legislan o acatan leyes
Que pretenden hacernos nuevos esclavos
 

Acogeré
Con abrazos y rebeldía cómplice
a quienes llegan con mirada perdida,
pero con brújula en su corazón insomne
y se mantienen erguidos, pese a tanto …..

Palmo a palmo acariciaré sus cicatrices
Y su dolor y mi memoria será infinita
para quienes nunca regresarán
engullidos en las aguas
o muertos a palos,
mientras en la distancia
Quedan los brazos vacíos
de tanto esperar.


Acogeré
A quienes llegan y portan sueños
De un mundo sin fronteras,
como nosotras a este lado…
para que sólo haya un lado.


Y nuestro abrazo será cómplice
y más poderoso que las alambradas
porque al grito de “Bossa”
Las desmantelaremos para siempre ….

 
 
                         Pepa Torres Pérez

                      (inspirado en un texto de Esteban Tabares)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Felices los pobres

El Evangelio de la Bienaventuranzas, que la liturgia de la la Iglesia católica proponía para hoy, se sugiere también entre los del leccionario de difuntos. Hoy ha fallecido, como bien sabréis, Emilio Botín. Me preguntaba cómo resonaría esa lectura si se utilizara en su funeral. Para colmo, el evangelista Lucas, desde esa contundencia con que sitúa a Jesús al lado de los desfavorecidos, hace de este pasaje un mensaje directo y sin posibles interpretaciones espiritualistas como puede pasar en el de Mateo. "Felices los pobres..., los que pasáis hambre... los que lloráis... a los que os odien los hombres y os excluyan... Ay de vosotros los ricos... los que estáis saciados... los que reís... y si todo el mundo habla bien de vosotros..." Creo que con repasar el texto, todo lo que quiero decir sobra. Hoy (menos contadas excepciones) todo el mundo hablaba elogiosamente del hombre que consiguió que su banco fuera el primero de de España y de Europa. Se alababa su tenacidad, su amor al trabajo, su espíritu de sacrificio, su amor al deporte... Insisto en que casi sobran mis palabras que pueden ser desacertadas, porque todo es tan claro y manifiesto... Son tan evidentes los criterios de los que se convierten en adalides en nuestra sociedad de lo que es bueno y malo. El poder como criterio, la capacidad de enriquecimiento a costa de lo que sea, la usura (condenada por todas la religiones desde tiempos inmemoriales), la competitividad (a la que hoy se le adjudican hasta ministerios)... Hay que sentir mucho la muerte de personas como Botín. Claro que sí. No queda otra. Son los que dictaminan y permiten que los que lo alaban estén donde están. Títeres y marionetas, pero ahí, en los estrados de un poder menor pero válido para ellos, en los podios del futuro asegurado y del dinero a costa del pueblo.
Jesús no quiere la miseria para nadie. No puede ser dichoso aquel que todo su vida es pisoteado por los de arriba. Sin embargo los criterios de la auténtica felicidad son los totalmente opuestos a los de la vida de Emilio Botín y de tantos como él. La auténtica felicidad es la que nace del experimentar que lo más bello y bueno del ser humano y para el ser humano no está en el dinero, en el poder, sino en vivir instaurados en el Ser que subyace en cada uno y que se manifiesta en lo sencillo y en los sencillos con suma fluidez. Es la compasión que te hace caminar al lado del otro que sufre porque te sientes uno con él.
Si se leyera ese evangelio en su funeral cuanto menos algunos sufrirían de repelús.
Descanse en paz. Ojalá que sí.

domingo, 22 de junio de 2014

miércoles, 9 de abril de 2014

La raíz de la indignación

Ayer me hacía consciente de algo. Suelo leer las noticias a través de Twitter. Me he sentido satisfecho este tiempo de haber “coleccionado” una serie de redes, personas, entidades y colectivos que escriben lo que quiero leer. Gente de una determinada ideología afín que pone palabras mejor que yo a lo que pienso. Me hago eco de ellas, las tuiteo, las comparto, haciendo extensible aquello con lo que conecto y que verifica lo que creo. Observando tanto el Twitter, el Facebook como ciertos canales de televisión y radio que frecuento algo más, me daba cuenta de una realidad, en cierto modo desoladora, que ensombrece el panorama de nuestro país y del resto del mundo. Expresiones, noticias, comentarios (serios, sarcásticos…) que describen que lo que nos toca vivir no va lo bien que quisiéramos.
Y pensaba que, sin dejar de quitar realidad a lo transmitido, a lo expresado, me perdía muchas veces en esa negatividad marrón que todo lo ve malo. Sentía incluso que podía amargar un poco el día de aquellos que se asoman o pasan (según las leyes a las que nos obligan estas redes) por mis “cuentas”.
Iba más allá y reflexionaba sobre cuál era la raíz de la indignación. De la propia y de la de todos aquellos a los que sigo. Aunque es presuntuoso, atrevido y juicioso tratar de analizar el fondo de los otros, puedo hacerlo con lo que se expresa y lo que intuyo que hay detrás y, por supuesto, hacer un análisis más profundo sobre el lugar desde el que brota mi indignación.
Cuando el 15M estaba en todo su apogeo y yo vivía todo aquello como una primavera del despertar de la gente y del dejar de conformarse con las tardes de Belén Esteban y de domingo en el partido de futbol, leí un artículo que se llamaba “Jesús, profeta indignado”. Aquello evidentemente confirmaba mis teorías, mis ganas de lucha y certificaba la bondad de los indignados. Pero ya entonces pude presentir algo que ahora corroboro con más lucidez.
El derecho al justo cabreo y pataleo es un movimiento exigible a una sociedad que se pretende democrática y que se revela contra las adormideras que el mismo sistema inventa. Es un primer paso. Una vez dado habrá que pararse. ¿De dónde brota realmente la indignación, cuál es su raíz más profunda?
De nuevo vuelvo a mí mismo para no caer en el juicio. Sentía estos días que entre tanta indignación estaba perdiendo algo constitutivo, la búsqueda de la belleza en lo que nos rodea. La dimensión más contemplativa (mística) de lo real. La constatación de que, en medio de tanta injusticia, necedad y despropósito, hay una transparencia sutil de aquello más profundo que configura la realidad. No sólo en lo manifiesto, la naturaleza en su apogeo primaveral, la música, la compasión expresada en tantas buenas acciones, el rostro de la gente, el mar, la buenas palabras, los buenos “tapeos y cerveceos” con los amigos… sino también en lo menos aparente y perceptible. Esa belleza “oculta” incluso en lo que menos podamos pensar y que verdaderamente me hace vibrar.
¿Cuál es la raíz de la indignación? Pues muchas veces el propio ego, que en su constante carencia y necesidad, trata de decir aquí estoy yo haciéndose abanderado de las causas más justas, proponiendo, denunciando, debatiendo, discutiendo… Analizaba también el fondo de mis réplicas por las redes y pensaba si realmente lo que las movía era la solidaridad, la compasión. Quizás en el fondo sí… pero eso quedaba enterrado en ese deseo manifiesto de hacerme notar… esa necesidad egoica de hacerme visible.
La raíz de la indignación de Jesús no es otra que la compasión. La compasión no es más que el ver la unidad que conforma todo lo real, y por tanto, si el otro siente dolor, ese dolor me afecta porque el daño que le hacen al otro me lo hacen a mí. Esto es lo que mueve a Jesús a ser un profeta indignado. Sus enfrentamientos con los maestros de la ley y fariseos, su defensa de pecadores y pobres, su saber ponerse clara y parcialmente en favor de todos éstos… brotan de esa conciencia clara de saber que “yo soy tú”. (Ejemplo claro en el llamado Juicio a las naciones: “Tuve hambre y me distéis de comer…”. Mt 25). Esa sabiduría nace de una consciencia “despierta” que se sabe todo en todo y en todos. Esa claridad sólo puede partir de su íntima y radical unión con el Misterio que es la esencia de lo real y al que él llama Padre. Por eso, los “pataleos” indignados de Jesús brotan de lo más auténtico de su ser.
A la vez, en medio de tanto dolor e injusticia, Jesús es capaz de ver esa Realidad profunda que emerge y se hace visible lenta y sutilmente. Realidad a la que él llama Reino. Es capaz de estallar de júbilo y agradecimiento ante la sencillez de la gente que le rodea. Contempla la belleza de los lirios del campo y las aves del cielo, el cambio de las estaciones, la generosa acción de la viuda pobre… La indignación no está reñida con el agradecimiento por todo lo que ya existe, y tiene que nacer de la certeza de que aquello que se busca (justicia, solidaridad, etc.) está ya dado. (“El Reino de Dios está entre vosotros”. Lc 17, 21)
Ésta debe ser la base de toda indignación, de todo “cabreo”. Ni más ni menos que el amor. Si aquélla brota de la serenidad que se desprende de esa sabiduría interior que sabe que lo que se busca pertenece a la misma realidad (sólo hay que descubrirlo)… si brota de una consciencia contemplativa de la belleza hay en lo que nos rodea… y si brota de una compasión que nos sitúa al mismo nivel de aquel por el que luchamos porque lo sentimos “carne de nuestras carnes y sangre de nuestra sangre”, será legítima la lucha indignada. Y surgirán las acciones más adecuadas y coherentes para el cambio. Si no, su raíz será esa angustia existencial que escoge la carencia y la necesidad como el motor que nos mueve, aunque esa amargura esté justificada por las causas más dignas.
Me preguntaba cuánto hay de eso en mí y en el resto de la gente a la que sigo. Y cuánto hay de ese ego carente y necesitado que no sabe cómo hacerse sitio y que recurre incluso a las causas más justas. Y vive siempre medio enfadado. Estaremos entonces al servicio de nuestro ego y no de la “causa”.
Con todo y con esto, tengo que decir que será siempre mejor salir a las calles, gritar, patalear (cuidando que ese ego no lleve incluso a desorbitarse de tal manera que recurra a la violencia como método) que quedarse en casa adormecido por el “Sálvame” de turno, o canalizar todo esa energía vital gritándole al equipo contrario en el partido del domingo.
Seguiré enfadándome y manifestándolo en las redes sociales, seguiré compartiendo el enfado de los que saben expresarlo mejor que yo y tendréis que soportarlo, pero trataré de estar atento de dónde viene todo eso y, por supuesto, estaré atento también a tanta belleza que nos rodea.

lunes, 7 de abril de 2014

Tres pasiones


Tres pasiones,
sencillas pero tremendamente fuertes,
han regido mi vida: 
- el deseo de amar y ser amado
- la búsqueda del saber y
- una compasión, superior a mis fuerzas,
por el sufrimiento de la humanidad …

Estas pasiones, como vientos potentes,
me han zarandeado de aquí para allá,

en navegación tortuosa, por el océano
profundo de la angustia, hasta
el borde mismo de la desesperación.

Busqué primero el amor, porque trae consigo el éxtasis
(éxtasis tan grande que muchas veces hubiera sacrificado yo
el resto de mi vida por unas pocas horas de gozo).

Lo busqué, también, porque el amor alivia la soledad
-esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de sí mismo
se asoma al borde del universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida-.

Y lo busqué, finalmente,
porque en la unión que es amor he visto,
como en mística miniatura, la visión anunciadora
de ese cielo que los santos y los poetas han imaginado.

Eso es lo que busqué y,
aunque parezca quizá demasiado gozo para el hombre,
eso es lo que -al fin- he encontrado.
Con el mismo apasionamiento busqué el saber.
He deseado comprender el corazón del hombre.
He querido saber por qué brillan las estrellas.
Y he intentado apoderarme del poder pitagórico
gracias al cual el número triunfa sobre el flujo.

Algo de esto, aunque no mucho, he conseguido.
El amor y el saber, en cuanto me fueron posibles,
me levantaron hacia arriba, hacia los cielos.

Pero la compasión me devolvió siempre a la tierra.
Ecos de gritos de dolor reverberan en mi corazón.

Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores,
ancianos inválidos que son sólo una carga odiada para sus hijos,
y todo ese mundo de soledad, pobreza y sufrimiento
convierte en burla lo que la vida humana debería ser.

Aspiro con toda mi alma a aliviar el mal,
pero no puedo, y sufro.

Esta ha sido mi vida.
La juzgo digna de vivirse y,


si se me diera la oportunidad,
volvería a vivirla con gusto.

Bertrand Russell

lunes, 31 de marzo de 2014

Las manos de Abdulay


Parece alto, pero no he podido verlo de pie. Posiblemente nunca lo vea. Tiene una paraplejia debida a una caída por un terraplén cuando lo perseguía la policía marroquí en el monte Gurugú. Sonríe marcando las cicatrices de su cara como si todo aquello no fuera con él.
Tiene unas manos largas de finos dedos con los que mal aporrea la guitarra y canta una canción maliense que suena dulce. Su piel recobra textura y brillo después de ponerle al aceite de almendras que inu
nda con su olor la habitación del hospital. Y dice que algún día bailará con mi amiga que va a visitarlo cada domingo.
Uno más de tantos que vienen de la gran tribulación de cruzar océanos de arena y de injusticia. Daños colaterales de un sistema que pagamos con nuestra moneda de ignorancia y permisividad. Perseguido por la guardia marroquí, aquella que hace de gendarme de nuestras fronteras, el trabajo sucio silenciado por los nuestros porque alguien tiene que hacerlo y nosotros no podemos porque somos los civilizados. Los de la gran civilización que paga por pegar y por alambres y espinas y devoluciones al desierto y violaciones y palizas y torturas en los calabozos y terraplenes en el monte Gurugú.
Abdulay, con nombre,  con rostro y con historia. Y con heridas algunas irreversibles. Quién contará tu drama, quien defenderá tu vida, tus sueños y tus piernas. Quien gritará por ti esa canción que se ahoga en tu garganta.
Alguien devoto del Rocío te enseña la sevillana que suena en tus labios como poema que te narra, que cuenta tu historia. Los curiosos juegos de la vida:

Con la manga de mi camisa seco el sudor de mi frente
Seco el sudor de mi frente, 
Y sacudo las alpargatas de las arenas calientes, 
Y a cualquiera le dejo la manta pa que se tape o se acueste.


Camino, esfuerzo, dolor, horizonte, miradas dejadas, vista adelante, pies, desierto, calor y frío, camino, mano tendida, brazo en el hombro, caída, hermano, camino…

Adónde van los sueños truncados, cercenados de raíz. Quién bailará tu música a partir de hoy. Qué piel acariciarás con tus manos. Qué manos acariciarán las tuyas.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Aquel no era yo -

Magnífico cortometraje español nominado a los Oscar donde se ve con tremendo realismo el drama de los niños soldados.







Esos asesinos



Si la revolución o la lucha se hacen desde la no violencia, desde la resistencia pasiva y lenta, desde la palabra constante y no callada, desde el levantar las manos vacías ante los que ostentan las armas de la violencia institucional… será una revolución que brillará con el aura de lo más digno del ser humano. Así, ha habido unas cuantas a lo largo del tiempo. Soy de los que me apunto a esta suerte de luchas, pues el triunfo es más glorioso.
Eso no quita que reconozca que no son la mayoría y que también en buena parte de las conquistas en favor del ser humano y su dignidad ha habido grandes batallas cruentas.
Hecha esta introducción quería pararme en los hechos ocurridos en la noche del pasado 22 de marzo en la Marchas de la Dignidad. Sin volver a entrar en el debate que le daría de nuevo la razón a los que buscan razones para deslegitimarla y quieren centrar el meollo de la cuestión en la actuación de estos mil o mil y pico de violentos, me gustaría hacer esta breve reflexión sobre la consideración de los mismos. Ya había pensado sobre ello, pero fue al hilo de un comentario de alguien en las redes sociales al calificarlos de asesinos, cuando quise compartir mi reflexión.
Pensaba que, seguramente, si algunos de los chavales con los que trabajé en los barrios de exclusión social en mis años en Sevilla o de mis actuales alumnos de Pcpi hubieran estado en Madrid y hubieran ido a esas marchas, serían de los que arrojaran adoquines y palos a la policía, destrozaran sucursales y quemaran contenedores. Y me preguntaba qué sentía cuando a este tipo de chavales se les llamaba asesinos; si realmente el ser humano, algunos seres humanos nacen siendo violentos. Sentía que no me agradaba introducirlos en esta categoría que pretendemos hacer ontológica desde una posición simplista y poco reflexiva.
Seguramente los mil y pico que destrozaron las calles de Madrid y la cabeza de algún policía eran jóvenes de barrios periféricos de Madrid. Hijos de la gran tribulación de una sociedad que necesita tener barrios de este tipo para que haya otros donde vivan los beneficiados del sistema. Con familias desectruturadas por el imperio de la exclusión, del paro, de las drogas, renegados y hastiados ya de todo a sus escasos años. Descubro día a día el desencanto de este tipo de jóvenes que son estigmatizados desde que nacen. Estigmatizados por la propia lacra de su circunstancia vital y, estigmatizados por el sistema que los ve a ellos mismos como esa lacra, sin darse cuenta que son los efectos colaterales de este mecanismo injusto. Carne de cañón para ideologías radicales de uno u otro lado.
Si de entrada a la gente las metemos en categorías cerradas nunca podremos pasar de esa posición simple que no descubre más allá de los propios planteamientos y a ellos nunca les permitiremos salir de ahí. ¿Es alguien violento por antonomasia o se hace violento? ¿Por qué alguien cae en estas formas salvajes de expresión? La forma de canalizar la ira, el descontento, la indignación, la “amargaera”, como ellos lo llaman, encuentra los cauces psicológicos que cada uno tenga a la mano.
Observo a menudo el estado de angustia existencial en el que viven algunos de mis alumnos con 16 o 17 años. Y es que, a esa corta edad, poca gente les ha descubierto que la cuestión del sentido de su vida puede ser resuelta. Los estallidos de violencia de las calles de París de hace unos años y de Londres hace algunos menos, no obedece más que este mismo mecanismo. La cuestión de la existencia humana queda cerrada en ambientes que lo único que ofrecen es el mismo círculo vicioso de marginación, de falta de respuestas de horizonte, en una edad en la que el horizonte es la pauta para seguir viviendo.
Nuestra mirada compasiva debe abarcar también a los “violentos” a los “salvajes”. Y esto no es "buenismo", sino ampliar nuestra capacidad de comprensión. Para eso tendremos que pararnos y ver más allá.
Y esto no pretende justificar nada.

domingo, 1 de septiembre de 2013

viernes, 19 de julio de 2013

Pobres chicos.

Salvando las distancias, no es del todo desagradable compartir emociones con aquellos que fueron quitados de sus cátedras por ser libres, por expresar lo que vivían y sentían, por tratar de enseñar un Evangelio alumbrado desde la luz de los signos de los tiempos, un Jesús más humano, una Iglesia con los pies en la tierra de los que sufren, de los excluidos, de los preferidos de Dios. También a mí me quitan de mi "cátedra". Experimento ahora esa mezcla de sensaciones de la que tengo que sacar toda la bilis para que lo que quede sea lo bueno de la experiencia vivida, de la libertad añorada, de la coherencia del proyecto de mi vida que sigue construyéndose. Sería muy presuntuoso de mi parte hablar de persecución de la que es mi misma familia, pero es cierto que se repiten síntomas que reconozco: gente que vigila, gente que cuenta, condena, y expulsión por subversivo, por inconveniente, por "peligroso". Pobres chicos y chicas aquellos que estos dos años me hayan escuchado, quizás sus conciencias en formación hayan quedado marcadas. Fuera la ironía, sinceramente me encantaría salir de ésta con la serenidad que busco y que me confirmará que hay que seguir caminando. Vivir reconciliados con los que han perjudicado mi vida laboral es mi reto, entenderlos en sus circunstancias vitales, y quererlos. No me lo propongo como meta, sino como camino que me ayudará a ser más feliz. Quizás mi felicidad sea el crisol que ponga de manifiesto sus verdaderas intenciones, eso puede doler, pero si también están en el camino de despertar mi alegría les ayudará a ello.
La intemperie es cierto que cuesta. Las palabras "proféticas" de aquel que ahora me persigue y me depone siguen estando presentes en mi horizonte. Pero quiero que sepa que me sigo quedando con ella y en ella a pesar de los pesares. Y ya veremos qué pasa.
Desde el dolor, desde la solidaridad con todos aquellos que son maestros y que sí que realmente han sido fastidiados en su magisterio, desde la certeza de que estos son los daños colaterales o directos de querer expresarme desde lo que voy viviendo, con todos vuestros permisos y desde el convencimiento de que puedo estar equivocándome de todas todas, desde la incertidumbre del "ahora qué", "mañana dónde", sigo apostando por ir encontrando mi sitio, buscando mi pequeña ágora, teniendo clara que en mi debilidad absoluta de este momento, Dios se sigue haciendo presente, y que no me queda otra que seguir admitiendo que me sigo sintiendo llamado a ser su testigo.
¿Alguien quiere hacerse compañero de camino?