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lunes, 22 de febrero de 2016

De desvaríos

Tiempos de ríos revueltos, de retrocesos, de derivas que nos llevan a que se radicalicen posturas, a que se involucione a formas que creíamos superadas (un sólo ejemplo nos baste: el triunfo cada vez más manifiesto de personas como Donald Trump en EE.UU). Una etapa tumultuosa de volver a poner fronteras, cerrar puertas, perder conquistas pasadas en derechos humanos. Época en la que, no importa el descaro, se hace lo que hay que hacer para que el británico no se vaya de UE porque lo que interesa son sus inversiones y da igual las personas aunque las personas no sean ya el paquistaní de turno sino los vecinos del país de al lado.
Desvaríos de lo que yo quiero y del asiento que voy a ocupar y lo que digo por encima de lo que dices y de que no hay pacto sin lo que pienso y de que da igual estar sin gobierno si lo que me interesa es lo que me interesa.
Y gente que sólo entra, aquí y allá, para ver lo que el otro pone, o para desacreditar sin fondo ni fundamento (lo último, lo más loco, acabo de comprobarlo esta misma mañana: lo del falso artículo de Pérez Reverte sobre coletas moradas y demás). Sin preguntar serenamente, porque la serenidad es lo que menos importa ahora. Sólo mi víscera tocada en lo más hondo por aquellos titiriteros de los que nadie hubiera hablado jamás si no se les hubiera puesto un marco de color. Y se mira la paja en el ojo ajeno de trajes de reyes magos que no lo son, de capillas tomadas por sujetadores y de "padre nuestros" de mal gusto que no son más que lo que son.
Una especie de paranoia corporativista de ver persecución donde sólo hay descaro adolescente y demodé de unos cuantos que no se enteran que ya no es fashion ser beligerantemente antireligioso. Los que no se enteran y los que se creen que se enteran y se convierten en víctimas de persecuciones sin circo ni leones, dándoles a los otros en el gusto.
Serenidad, señores y señoras. Dejar caer la hoja y no echarse a temblar en su recorrido. Serenidad y reflexión, o reflexión desde la serenidad. Una dosis de ver más allá, de ser capaces de entender que este tiempo es necesario, de dejar que se cumpla su ciclo, de permitir que las cosas sean. Serenidad para ser capaces de ver lo bueno de lo que se está haciendo, lo bueno de la crisis en sí (y no me refiero a la económica). Si no hay crisis hay inmovilismo, y si hay inmovilismo hay putrefacción. Salir de la obcecación hilarante, del descrédito sin fundamento buscando donde no hay, buscándole una quinta pierna al gato.
Dejar los nervios, observar los ritmos de la misma evolución de la vida con cierta distancia y desafección. Y poner pasión en lo cotidiano. Ponerla en lo grande también pero con cierta sabiduría o al menos con un poco de cordura, abandonando el catetismo y la pataleta.
Se mueve mucho y cuando se mueve tanto, el lodo se mezcla con el agua limpia y se dice aquello de "ojalá no se hubiera meneado nada".
Un paso atrás, respirar, mirar con distancia, volver a respirar. Y si se habla, que sea desde dentro y no desde la mollera agitada. Abandonar el discurso del miedo que es un arma arrojadiza que se vuelve contra todos y hace entrar en estados de excepción mentales y físicos. Es moralmente inadmisible utilizarlo para desacreditar al otro; es darle pistas al mal para que campe a sus anchas. Para dar carta blanca a la restricción, a la mordaza, al palo y a la venda en la boca.
Sacar los pies del plato de la necesidad de la confrontación que lo único que hace es alimentar los egos. Seguir indignados, claro que sí, pero sabiendo desde dónde.
Escuchar activamente, sentarse, dialogar, volver a replantearse lo que sea. Serenamente.

martes, 26 de enero de 2016

La liberación de lo contemplativo

La liberación por parte de la policía de tres monjas de nacionalidad india de un convento de clausura en Santiago, saca a la palestra todo lo que se cuece debajo de este caso y, sobre todo, de este asunto en términos más generales. Hay que reconocer que éste es un caso extremo y por tanto no usual pero que pone de manifiesto una realidad de la que se habla poco o si se habla se hace en corrillos.
La sequía vocacional en general en toda la Iglesia y más en concreto en la vida contemplativa (quitando algún caso significativo y digno de estudio), y la presencia de conventos en lugares donde la pobreza y la exclusión hacen estragos, constituye un caldo de cultivo estupendo para que se den situaciones como la de la noticia de hoy.
Conventos que se quedan vacíos, y chicas que en sus casas son un problema porque los padres no saben cómo sacarlas adelante. Todo encaja a la perfección. Y las congregaciones religiosas, principalmente las femeninas, sus responsables, superioras y formadoras, no son capaces de ver que la necesidad se camufla (consciente e inconscientemente) en supuestas "llamadas" de lo divino a la vida religiosa.
Un paseo por lo conventos sevillanos visualiza la situación: indias, keniatas, mexicanas, etc. que conforman un coro multicolor y estéticamente bonito, pero que ocultan una realidad bastante compleja.
Chicas jóvenes con energías y fuerzas recién estrenadas con maneras diferentes de expresar y vivir la espiritualidad, que se encierran hipotéticamente de por vida, cohabitando con europeas mayores (que sólo han conocido eso) en edificios de un valor histórico y artístico incalculable. En palabras de alguien que tiene contacto con este mundo, "cuando se vayan muriendo las españolas se va a ver un numerito".
El numerito comienza con esta noticia en la que se descubre una libertad mermada por la presión de perder una identidad ganada, un sustento, aunque sea en una vida no elegida del todo. Posiblemente la historia no sea como la cuentan los medios que tienden a llenar de aditamento rimbombante cualquier noticia, y estas más. Pero sí que cuestiona y saca a relucir un tema complejo con múltiples factores. Algunos de ellos:
- Hasta qué punto es legítimo utilizar la pobreza de la gente como acicate para cubrir la ausencia de vocaciones.
- Cuánto hay, por tanto, de libertad en la decisión de entrar en los conventos de clausura. La respuesta a lo que se entiende por vocación tiene que nacer de una voluntad no condicionada por ningún factor que la merme.
- Para cuándo una revisión a fondo de lo que debe ser la vida contemplativa. Una vida contemplativa entre rejas pudre lo que de auténtico pueda haber. "Lo que oís al oído, predicadlo sobre las azoteas" (Mt 10, 27). La vida contemplativa debe ser receptaculo del ser humano en búsqueda de lo espiritual. Sus lugares deben ser espacios para ayudar a retomar el camino a lo interior, espejo de lo que somos en esencia. Lo que se oculta tras rejas, velos, clausuras, etc. aparte de convertirse en vida estancada en donde proliferan patalogías de todo tipo, deja de ser signo para la humanidad. El mundo necesita espacios que ayuden a recuperar el sentido, el silencio como parte esencial de encuentro con nuestra realidad más profunda.
- El miedo a perder el patrimonio de tantos conventos y monasterios que son auténticas obras de arte, hace que se contemplen situaciones penosas: unas cuantas pobres mujeres mayores conviviendo con otras tantas chicas venidas de tantos sitios y que no tienen ni idea de qué va la cosa, malviviendo en edificios que al final acaban ruinosos por falta de recursos. Hay que saber hacer una transición inteligente para asegurarse que esos sitios se van a conservar, despejar el camino incluso para que pudieran seguir siendo lugares donde fomentar la espiritualidad, pero, a la vez, ser capaces de soltar generosamente, de hacer el tránsito a otras formas, entregar a otros grupos humanos que sean capaces de mantener y a la vez de hacer que no se pierda el sentido originario de esos lugares. Pongo el ejemplo positivo del monasterio de Batuecas propiedad del Carmelo masculino, en la sierra de Francia, provincia de Salamanca. Me consta que se está convirtiendo en un centro de espiritualidad, que va a ser llevado por una comunidad laica, que tendrá otra forma de compromiso alejada de lo "perpetuo" que ha dejado de ser un signo de los tiempos.
Espacios Berakah, tiene entre sus pretensiones principales, entre sus horizontes, encontrar algún lugar de esta características, para unir lo que nunca debió estar separado: la espiritualidad y el compromiso compasivo que nace de ella, el encuentro con el otro "diferente" para construir desde la esencia común.
Es necesario releer de manera coherente y sincera lo que ocurre. Ser valientes para soltar, para pasar a formas diferentes de vida en común, de contemplación, de compromiso; hay que ser generosos para hacer la transición de modelos medievales a formas actuales que den respuesta a la búsqueda del ser humano de su esencia.

domingo, 24 de enero de 2016

De fidelidades

Después de dejar el ejercicio del sacerdocio, sólo dos compañeros fueron capaces de permanecer fieles a la amistad que teníamos a pesar de las nuevas circunstancias. Aunque el despegue y casi desaparición de mi vida de personas queridas que me habían manifestado su cariño me provocó dolor, ahora entiendo que el movimiento que supone el dejar la dimensión visible o pública del ministerio remueve muchas cosas interiores en los compañeros. Desde una mirada global, el alejarme de una realidad que me asfixiaba, el buscar una coherencia entre mi vida y lo que se cocía por dentro en el mundo de mis afectos y en el reconocimiento agradecido de lo que me conformaba, no creo que me haga meritoria con respecto a nadie. Cada uno vive la vida como puede y en todas las formas creo que se dan las luces y las sombras como parte de una sola realidad. 
Sin embargo, intuyo una agitación interior en todos aquellos que me quisieron y que parece que no pudieron permanecer. Menear dudas, frustraciones,intuiciones propias, provoca pavor. Y, mejor retirarse. Lo observo incluso en los que se encuentran conmigo casualmente. Conversaciones superficiales, poca profundidad en el interés. Algunos ni preguntan qué hago, qué me mueve, si soy feliz o no. 
El ministerio sacerdotal, te proporciona o parapeto institucional donde uno está calentito, protegido. Entiendo la complicación de cuestionarse realmente salirse de ahí, o al menos plantear otro forma diferente de sacerdocio, más humano (y si es más humana, también es más divina). Dentro de ese baluarte, da igual como se viva, lo importante es mantenerse dentro.

Como decía, pocos son los que se han mantenido cercanos. Los que han entendido que mi esencia sigue siendo la misma y la mayoría de sus manifestaciones también.

Hoy he estado con uno de ellos al que le rindo este pequeño homenaje anónimo, (sé que no le gustaría para nada que lo nombrara por aquí). 
Quiero darle las gracias por su generosidad y cariño. A pesar de maneras diferentes de entender algunas cosas quiero reconocer su entrega, su cercanía, su fidelidad, su capacidad de verme más allá del rol que ocupe... Gracias por este día con buenas vistas, buen paladar, y con la alforja llena de detalles... 

domingo, 17 de enero de 2016

De celebraciones


Un signo representa una realidad existente y tiene tal fuerza en sí mismo que llega incluso a hacer presente esa realidad. Esto en el ámbito de lo espiritual cobra aun más relevancia porque el signo actualiza todo el significado sagrado de esa realidad. Si no hay realidad, no puede haber signo...
Me temo que la basílica del Gran Poder (al menos creo que por muchos años) no va a volver a llenarse, de los colores, los cantos y sobre todo de la gente que hoy la ha llenado.
Se ha bailado en la ofrendas con el ritmo armonioso de África. Ha sonado el cóndor pasa con las flautas de pan, se ha rezado en inglés, francés, guaraní, quechua. Colores de piel, colores en las vestimentas, instrumentos musicales venidos de muchos lugares... Todo esto ocurría ante la mirada atónita de la señora devota del Gran Poder que venía a su misa de domingo, ante el asombro de los que durante toda la Eucaristía pasaban por detrás del Cristo y se asomaban al cristal para observar el espectáculo, como si fuera a un acuario gigante, de los que estábamos al otro lado. (esperpéntico).
Pero lo señora volverá el domingo que viene y de nuevo "escuchará" su misa gris y átona. Y las personas emigrantes no serán protagonistas de nada más que de sus propias luchas.
Y como mucho habrá uno o dos templos en Sevilla en los que se le dé su lugar, el de los primeros puestos reservados a los que vienen "de la gran tribulación".
En un discurso sencillo, tierno, incluso en la línea de la misericordia y la compasión, el obispo auxiliar ha hablado de nuevo de una Iglesia de puertas abiertas. El Evangelio del día nos ha recodado el vino nuevo de la hospitalidad y del encuentro con el que nos viene a traernos una buena noticia.
Desde que andaba en estos menesteres nos afanábamos en transmitir la idea de la Iglesia como casa de todxs. Al margen de la gente de buena voluntad que se desgasta en la cercanía, en la acogida, a través del voluntariado o de incluso abrir las puertas de su casa, al margen de proyectos de este tipo de entidades concretas, poco ha cambiado, es más creo que hasta se ha perdido algo de lo que había.
Me pregunto si el signo también sirve para representar una realidad que no está pero que se sueña que esté.
Al margen de todo esto, sí que he celebrado. He celebrado el encuentro con gente querida, he celebrado la fe de aquellos que han creído a pesar de tanto rechazo, he celebrado la diferencia enriquecedora, el don de lo diverso, he celebrado la posibilidad de que todo eso sea real. El celebrado el recuerdo de los años en que comprobé que sí.
Prefiero quedarme con la idea de que lo vivido hoy, lo mismo que lo vivido en aquella tienda de los iraníes de Calais, o en la Pascua de Ceuta o en la mesa que compartíamos en la parroquia de los Pajaritos o en tantos otros momentos y circunstancias, actualizan algo que ya existe ni más ni menos que en el momento en que ocurre. El aquí y el ahora de la Eucaristía por el día de las migraciones de hoy ya estaba lleno de sentido. Eso no quita que de lo vivido nazca el deseo:
El de que en todos los templos del mundo, los últimos sean los primeros. El del que construyamos templos-hogares donde el encuentro desde lo profundo y todas sus manifestaciones externas sea posible. 
El deseo de que en esos nuevos templos-hogares no se hable solo de "cristianos" o de musulmanes" sino que esa dignidad común de la que hoy se ha hablado, sea la única bandera. Templos hogares en donde lo esencial sea el pilar para seguir hablando de lo diverso y lo característico.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Si comprendieras lo que es la paz

"Si al menos tú en este día comprendieras lo que conduce a la paz..." Lc 19, 41
Parafraseando el evangelio de hoy.
Habrá que recuperar una de tantas frases hechas que solemos compartir por estos lares y similares:
La paz nace de la justicia. "La paz y la justicia se besan" que nos dirá el Salmo 84.
Y tendremos que dejar de teorizar sobre ello y dejar de apuntarnos al sentimentalismo casposo y creérnoslo de verdad. Que la solución a la guerra y a la violencia, no es más guerra y más violencia, que no son bombas, ni alianzas para bombardear. Que la única solución es la justicia y que la justicia pasa por dejarnos de dobles discursos morales. A saber:
- Queremos el fin de la violencia mientras que seguimos fabricando y vendiendo armas a "los violentos".
- Señalamos como los malos de esta película de ficción mientras, bajo cuerda y por encima de ella les seguimos comprando petróleo.
- Nos interesa que se peleen porque a "río revuelto ganancia de pescadores". 
Para que haya justicia los gerifaltes de esta historia tienen que dejar de seguir embolsándose los millones de lo que sea a costa del pueblo sin futuro.
- Que sean los pueblos los que decidan cómo tienen que gestionarse sus propios recursos.
- Que se potencien otras energías aparte del petróleo. (Y de camino le hacemos un favor a nuestra madre tierra, que sería la mayor justicia de todas).
- Que se tengan en cuenta las minorías culturales, y religiosas, que se revisen la fronteras hechas con papel y boli de intereses espúreos. 
Hacer justicia será tener un nuevo modelo de integración social a dos bandas, donde el recurso de barrio guetto se acabe. Donde se le dé real protagonismo en la construcción de la ciudadanía a las personas inmigrantes de primera, segunda, tercera generación. 
Hacer justicia pasará por un diálogo interreligioso eficaz, afectivo, buscando lo común. Tendrá que haber mensajes contundentes de los líderes religiosos, mensajes de unidad, de tolerancia al diferente.
Por último (por último con respecto a este discurso mío, porque quedarían muchos otras cosas), no se puede olvidar que una de las causas fundamentales de que tantos jóvenes se estén alistando al bando del terror, no sólo tiene que ver con sus condiciones socioeconómicas sino con una radical ausencia de referencias morales, filosóficas, espirituales.
Incido en esta última porque en este caso, lo pretendidamente religioso no tiene nada que ver con lo espirtual. Es necesario volver a dotar de sentido porque el sentido perdido es una de las causas fundamentales para apuntarse a cualquier tipo de ideología nociva y perniciosa.
Es fundamental recuperar la dimensión profunda del ser humano, si no todo será ideología y no habrá más que lucha de unas contra otras. Y, ojo que, incluso la búsqueda de los derechos humanos y de la misma justicia puede convertirse en mero discurso ideológico si no está apoyado en una auténtica profundización en nuestra esencia como seres humanos. Sólo desde ahí se podrá ir proponiendo, sugiriendo. El diálogo que tenga como base esa esencia común a todo ser humano será el único válido para seguir construyendo, para que se acabe el odio y la violencia.

Como vemos, muy al contrario del empleo del recurso rápido y visceral de responder con más violencia, la tarea que se nos ha encomendado es lenta, ardua, y exige una inteligencia emocional y espiritual a las que sólo se accede desde el silencio compartido y la palabra que nace de él, desde volver a hundir las manos en las raíces que nos sostienen.
Si realmente comprendiéramos lo que significa la paz...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Las dos colas


En estos días de escapada madrileña, de risas, encuentros, hojas ocres en los árboles y en el suelo, de rastro en la Latina, de café en Malasaña... hay algo que se suma al paisaje urbanita en el que te sumerges más o menos conscientemente y dependiendo de la zona por la que camines: la gente con la que te cruzas, multitud de personas comprando o viendo lo que quisieran comprar. De la sociedad de consumo no hay quien nos libre, forma parte de tejido social y del mismo diseño paisajístico de los centros de las grandes ciudades.
En estos tropiezos nos damos de bruces con la recién estrenada Primark de la Gran Vía. Nos cuenta un amigo que en la inauguración había estado hasta cortada ésta, la más conocida de todas las calles madrileñas, con furgones de la policía incluidos. 
Lo asombroso es que observamos que para poder acceder a la tienda, asentada en un precioso edificio de la citada calle, hay una cola enorme que lo rodea incluso por la calles aledañas. Vallas que separan, y por lo menos unas 15 personas, entre guardias de seguridad y empleados de la multinacional que van tratando de guardar el orden. Todavía más llamativo es que a la gente se le da un ticket de acceso para poder entrar, supongo que un número o algo similar. Poder pasar por la acera donde se sitúa es prácticamente imposible, la cantidad de gente con bolsas con la propaganda de la tienda es incontable. En estas "cavernas" del consumo poco queda que te sorprenda, pero esta visión de "cola para entrar" como si se tratara de un museo, un concierto o un espectáculo de danza resulta abrumador.
Y es que el consumo llega a convertirse en espectáculo por si mismo. El placer de comprar barato, comprar por comprar aunque no se necesite y por supuesto sin cuestionamientos sobre el origen de la ropa (fábricas en países como Bangladesh, donde la condiciones laborales rozan la semiesclavitud) rellena una especie de vacío existencial. O quizás hace de falso relleno, porque el hueco sigue estando. No vamos a entrar en un análisis de las insatisfacciones de nuestra sociedad contemporánea, pero en ellas, la acumulación de objetos ocupa un lugar compensatorio enorme y peligroso. Tampoco entraremos en valoraciones éticas sobre las artes y mañas que permiten que estas marcas en concreto vendan la ropa tan barata.
Luego, quisimos entrar en la exposición de Kandinsky en el edificio Plaza Cibeles y también había una gran cola. Los efectos de esperar una cola, sea la que sea, abarcan un amplio espectro de sensaciones y experiencias más o menos gratificantes. El "espectáculo" que se ofrece en las dos a las que nos estamos refiriendo es bien distinto en cada una de ellas. Sin entrar a juzgar ni a calificar el beneficio del sacrificio de la espera, yo me sigo quedando con el segundo. Porque el arte, sea del tipo que sea, bien merece una cola.


martes, 22 de septiembre de 2015

Sin identidad

A raíz del episodio de Uma Thurman en un bar sevillano disfrazándose de Virgen con corona y manto, leía el comentario de una de tantas personas que se ha sentido escandalizada por el comportamiento de la actriz. En su escrito afectado y dolido, apuntaba a la gran falta de respeto de esta mujer a nuestra identidad sevillana. Y yo me preguntaba sobre quien define lo que es mi identidad, ¿hay alguien con suficiente autoridad o conocimientos para apuntar lo que es identitario?, ¿más allá de notas culturales características, discutibles también, se puede imponer lo que constituye una identidad?. Creo que es necesario hacer una revisión de este concepto en estos tiempos que corren en los que unos enarbolan la bandera de la identidad de un pueblo en contraposición a otras identidades. Posiblemente esta persona, el que reclamaba la identidad "cofradiera" para los sevillanos, también estaría en contra de los que reclaman una identidad cultural, lingüística, histórica como base para la lucha independentista. Sin embargo, la base de ambos reclamos es la misma y puede ser igualmente perversa.
Buscando definiciones de "identidad" nos encontramos con que el contenido semántico está definido desde la contraposición con el otro o lo otro. O sea, la identidad es aquello que nos diferencia del otro o de los otros. Sería el conjunto de características propias que nos hacen único y diferente a otro sujeto o grupo de sujetos con sus propias características. Esto, en el proceso madurativo psicológico de la persona, según los expertos, es algo esencial. El niño necesita diferenciarse de la madre con la que se identifica en sus primeros estadios. Necesita ganarse su identidad, conquistarla en su proceso de individuación. 
Entiendo también que un conjunto de características comunes a un conjunto de personas puede darle una peculiaridad con respecto a otro grupo contrapuesto, pero aquí viene el peligro. En primer lugar, ese conjunto de características es accidental,  son avatares históricos, circunstanciales, y desde mi punto de vista no pueden llegar a constituir una base sólida, con pretensión de absoluto, y mucho menos de esencia de un pueblo. 
Eso no indica que el afecto de un conjunto de personas por esas notas "identitarias" no sea legítimo, pero nunca podrán enarbolarse ni como aspectos cerrados que me diferencian en esencia del otro, ni mucho menos como aquello inalienable y "sagrado" que merezca todo el respeto, como si de la dignidad estuviéramos hablando.
En segundo lugar, ese conjunto de notas características de un pueblo está sujeta a la misma evolución de la historia, de la cultura, etc. Tratar de conservar intactas tradiciones, modos, maneras de disfrutar, arte, expresión es pervertir el mismo concepto de cultura. 
Si la identidad de un pueblo tiene que ver con determinados aspectos culturales discutibles y sujetos al mismo proceso histórico me bajo del carro. Me desapunto de cualquier intento de domesticación de lo que soy o me considero. Si ser sevillano implica ser cofradiero y ofenderse cuando "atentan" contra aquello que constituye tu identidad como tal, me "desapunto" de serlo. 
Esto, llevado a uno de sus extremos puede volver a traer aquella ocurrente idea del "contrato de integración" que proponían algunos partidos políticos referido a las personas inmigrantes. Siempre me preguntaba si los obligarían a beber gazpacho, comer paella, bailar sevillanas o vestirse de mañico por la fiesta del Pilar. 
Sin renunciar a mi historia, a mi lengua, a mi acento, a disfrutar de mis fiestas y paisajes, a nuestra manera de disfrutar de la vida y de entender el ocio... sin prescindir de todo aquello que contribuyó a lo que somos y sintiéndome orgulloso de ello... No pretendan convertir nada de esto en algo inamovible, en nota esencial de lo que soy, no me obliguen a "identificarme" con aquello que no quiero. 
En eso está la base de los totalitarismos, de los nacionalismos, de los independentismos. El "somos distintos en esencia" es altamente peligroso pues nos sitúa enfrente o por encima del otro. Creo que es hora de que hablamos más de lo que nos une que de lo que nos diferencia. En los tiempos que corren hablar de la esencia común no puede ser mala pedagogía.

Más allá de esta reflexión no está mal volver a considerar que la sorna, la burla de símbolos religiosos que para algunas personas constituyen objetos o representaciones relacionadas con lo sagrado sigue siendo una auténtica falta de respeto. Ya di mi opinión con respecto a las caricaturas de Mahoma del Charlie Hebdó y en este asunto, salvando las distancias, pienso lo mismo. La libertad de expresión no está por encima del respeto a aquello que pertenece la iconografía religiosa de un colectivo. (Otro tema de reflexión interesante sería la identificación de lo sagrado o lo trascendente con una corona o un manto, pero no es el caso.
Todo esto, más allá del mál gusto de la señora Uma Turman. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Afortunadamente para muchos nunca fueron necesarias semejantes reflexiones ni consideraciones. La apertura a una realidad circundante que no tiene por qué asustar, la consideración de la propia fragilidad y la certeza de pertenecer a la corriente de ternura y compasión del Dios-Amor hacen que estas explicaciones suenen hasta ridículas. Para otros, la propia praxis pastoral hizo que se cayeran estas absurdas barreras... Pero como, increíblemente, hay otros muchos para los cuales la ley y la norma siguen siendo el criterio de actuación y que se están poniendo de parapeto para que la Iglesia no dé el salto desde su involución a la apertura a los signos de los tiempos, quizás sea necesaria una carta como esta. (Con la que no estoy de acuerdo tampoco en todos sus términos, pues, pretendiendo poner la misericordia por encima de la ley, cae en un exceso de pretendida lógica y raciocinio. La compasión no necesita tanta justificación. La compasión, siendo una manifestación del amor, simplemente es y no necesita razones).
Afortunadamente también me siento fuera de estas discusiones "ad intra". Hace tiempo que elegí el "ad extra". Pero si esta carta y petición sirven para algo, ahí las dejo.


https://www.change.org/p/a-las-personas-de-buena-voluntad-firmen-la-petici%C3%B3n-al-papa-y-al-s%C3%ADnodo-para-que-permita-acceder-a-la-comuni%C3%B3n-a-los-divorciados-vueltos-a-casar?recruiter=false&utm_source=share_petition&utm_medium=copylink

lunes, 10 de agosto de 2015

El agua que une

El agua que une.

Aunque no sea transparente y cristalina o quizás por eso mismo, estar dentro del mar rodeado de personas de los 5 continentes provoca una sensación extraña, positivamente rara.
Y es que es lo único así que ha podido llamarme la atención de la playa de la Malvarosa en Valencia. Desacostumbrado de las playas convencionales y mucho menos de las de grandes poblaciones de las que trato de huir casi por alergia, quizás, estos días me he vuelto más observador del aporte que tal situación podría suponer a mi experiencia. Y ese ha sido. Hindúes bañándose con sus saris, africanas con sus pelucas, latinoamericanos con su ruido gozoso y muchos europeos, sobre todo italianos y franceses (por supuesto españoles también). Todos y todas exprimiendo el gozo de mojarte en estos días terribles de calor. Juegos, bromas, risas, salpicones, gritos... Y así, de sopetón, podías verte rodeado de gente con 4 ó 5 tonalidades diferentes de piel. Una verdadera gozada para los que creemos que la diversidad es riqueza.
Pareciera como si el mar desdibujara los fronteras que se señalan en la misma ciudad en la que seguramente todos pernoctarían, barrios diferentes, bares diferentes, espacios en el parque diferentes... Sin embargo aquí nadie se cuestiona nada. Dos metros cuadrados rellenos del agua mediterránea en los que se producen los choques evidentes de los movimientos de las olas, de los intentos por nadar, de jugar, etc. Es como si el agua uniera lo que parece condenado a estar separado en otros entornos más naturales al ser humano. (Habrá muchos que evidentemente incluso huyan de estos contextos).
Era agradable observarlo y sentirlo...
... Bien es cierto que cada mochuelo en su olivo, o cada persona o grupo humano en su porción de agua determinada aunque estuvieras casi rozándote con el del otro continente... Y es que a pesar de lo dicho, falta el siguiente paso. Que el blanquito rubito mire a los ojos al de piel aceituna, y se pregunten los nombres y quizás las risas empiecen a ser por la misma chorrada acuática. Nadie conoce a nadie. Los sonidos del aire parece que dicen lo contrario, pero no es así. Todo se facilita para que sea, pero: "a mí déjame mojarme con los míos". Y dentro del mar, es como que casi, pero como que no.
Y se me ocurren que en esos contextos tan distendidos y a la vez tan necesarios sea para quien sea, podrían ser tan propicios para que se diera una real y efectiva interrelación más allá de las barreras culturales, raciales, religiosas... Nuestro reto está en pasar las fronteras de la mera tolerancia, primero para que no pase lo de los barrios de Francia, de EEUU, de Reino unido. Pero habrá que ir más allá, no sólo para que no ocurra el conflicto, sino para que se dé el descubrimiento del regalo que es el que en principio se muestra como diferente... el reto, decía, está en buscar los espacios donde se traspase esa barrera psicológica del rechazo, del miedo o de la precaución al "distinto". Espacios que favorezcan el mirarse a los ojos, aprender los nombres y las historias del otro, caminar juntos, soñar juntos, mojarse el uno al otro...

Quizás tengamos que meternos en el mar.

domingo, 19 de julio de 2015

Más allá de las letras

Más allá de unas letras.

La expresión escrita siempre ha sido una manera privilegiada para los que somos tímidos y tenemos cosas que comunicar. La lectura y la escritura han sido vía de escape, construcción de un universo, manifestación de lo que vivía con toda su profundidad y seriedad. Cuando tenía un ambón por delante me limitaba a transmitir aquello que previamente había brotado fluidamente de manera casi automática. He sentido siempre que había un empuje vital en lo que escribía y muchas veces me ha servido para narrar la experiencia inefable de lo que era más interior que yo mismo.
Cuando surgieron las redes sociales pude hacer público mucho de lo que tenía y de lo que surgía de dentro. Blog, facebook, twiter se convirtieron en un nuevo púlpito con sus ventajas e inconvenientes. Porque también surgió en mí la necesidad de la opinión, no sólo de la expresión de la vivencia interior o de la exhortacion espiritual o de compromiso. Los duros tiempos de la indignación política, mi despertar a esta dimensión, la implicación en la lucha social en la defensa de los derechos humanos, etc. alimentaron en mí el deseo de expresarme también en estos terrenos.

Últimamente reflexiono bastante sobre ese hecho, porque no sé hasta qué punto trae más bien que mal. Y es que observo lo siguiente:
Los tiempos que corren hace que las posturas ideológicas se enarbolen con más vehemencia. Hay gente a la que estimo, a la que considero de gran calidad humana que piensa de manera diferente. Eso es una riqueza. Si creo que la variedad cultural y religiosa lo es, no lo va a ser menos la política. Eso no quita que a veces me enerven determinadas publicaciones o comentarios (muchos de ellos me parecen que engrosan una sarta de opiniones que caen en un alarmismo infantil y sin fundamento). Sin embargo opté hace mucho tiempo por no entrar y opinar. A veces lo he hecho cuando se trataba de acciones que tocaban los derechos fundamentales de las personas.
Pero mi reflexión va más allá. Definitivamente el debate en estos lugares no es productivo y a veces deja de ser hasta humano. Las redes sociales como medio de expresión me parece que son una herramienta que bien utilizada puede llevar a mayores cotas de compromiso. Pero el debate ideológico siento que aleja. Y me estoy refiriendo no un debate necesario, desde la madurez y, si es posible, desde la serenidad... pero,  ¿eso puede darse por aquí?
¿Qué interviene en estas redes cuando comentamos en la contra a un conocido o amigo sobre algo que ha publicado y referido a la política? ¿Qué falla en esa comunicación? ¿Qué cosas no se dan?
Evidentemente la comunicación no verbal es fundamental, el ver el rostro del otro al que aprecias, al que conoces, su voz que te es familiar, sus gestos, su mirada... Eso dulcifica la intensidad ideológica, la irascibilidad que se crea por planteamientos contrarios.
A veces, cuando entro en esos debates por aquí, me doy cuenta de que ya he dejado de tener delante a la persona real y el interlocutor se convierte en algo impersonal que simplemente me está llevando la contraria. Ahí el ego se dispara mucho más, se ofusca, se vuelve irascible, ataca, usa la ironía y la comunicación pierde su dimensión fundamental, precisamente de eso, llegar a un entendimiento. Y nos convertimos en dos o tres "egos" a ver cual de ellos suelta la frase más ocurrente o que deje al otro callado o en ridículo.
La dialéctica es connatural a la democracia, pero hay que saber debatir. Hay que hacer un ejercicio previo de situarse en el papel del otro, empatizar, hay que saber escuchar, incluso hay que ponerse en el caso de que quizás el otro pueda tener razón. Eso es complicado hacerlo cara a cara, se necesita un bagaje y una predisposición que no se inventan del día a la noche. Para escuchar de verdad hay que, incluso, desposerse de la "propia verdad" durante el tiempo en el que el otro habla. Si eso es complicado en el tú a tú, imaginaros en estos sitios.
Últimamente y después de ciertos debates por aquí, me he sentido algo más lejos de gente a la que quiero. Y me niego a que eso pase.
De momento quiero negarme también a no poder opinar, a expresar lo que siento. Ya me cuido bastante de no apoyar directamente a ninguna formación o a criticar sin más a algún político ironizando sobre él. Pero no sé si tengo que dar algún paso más.
En esta sociedad convulsa tenemos el reto de no dividirnos a causa de la ideología. La ideología es construcción de la mente, dirigida por el ego. Necesaria para dar cuerpo y constructo a organizaciones que crean la política (la política en su sentido originario y primordial es algo fundamental para la construcción de la sociedad), pero sin olvidar que no es más que eso, un conjunto de ideas que pueden ser instrumento pero que hay que traspasar, trascender cuando se pongan en juego otras cosas como la lucha real por la justicia, el codo a codo, la tolerancia, el ser capaces de construir juntos una sociedad mejor.
La devoción y adoración a una ideología lleva al fundamentalismo y ya sabemos las consecuencias de esto.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Como la sal

Ayer pasaba con la bici cerca de los comerciales de la Gran Plaza en Sevilla. Había un grupo de gente alrededor de lo que me parecía una pancarta. Supuse que era un mitin político con poca gente y me acerqué por curiosidad. Habría unas 30 personas en círculo mirando hacia una especie de ambón, una cruz y a un chico joven que cantaba, los demás lo acompañaban. Rápidamente supe a qué grupo de la Iglesia pertenecían. Su caracterísitico, repetitivo y machacón ritmo con la guitarra los delataba: Pán- Parrampapán- Parrampampán. En la pancarta ponía algo relacionado con la misión.
Justo en el momento en el que me paré pasaron por detrás mía dos personas. Una de ellas, un chico más o menos de mi edad (permitidme lo de "chico"),  decía al pasar con bastante contundencia: "Como si no hubiera en la vida cosas por las que ilusionarse". Yo estuve a punto de decirle que cuánta razón tenía.
Sólo puedo opinar (que no juzgar) sobre la torpeza de esta acción y de otras tantas similares. Queriendo una cosa provocan justamente la contraria. Seguramente este grupo católico pretende, con toda su buena intención, dar un testimonio público de su fe, a ver si la contagian a alguien, sin darse cuenta de que lo que principalmente provocan es el rechazo. (Incluso a mí me pareció algo absolutamente ridículo).
Y vuelvo al comentario de la persona que pasó: Cuántas cosas por las que ilusionarse, en las que poner ímpetu, esfuerzo, vida, ilusión y confianza. Las cosas de la calle de verdad, el trabajo, la asociación de vecinos, el partido político, el grupo de teatro... la justicia en la tierra, el vecino parado, la vecina a la que van a desahuciar, el inmigrante del semáforo, la familia, la vida, las tapas con los amigos, la vida... Cuántos ámbitos en los que dar testimonio, codo con codo con tantos hombres y mujeres, creyentes, no creyentes, de otras religiones, gente en búsqueda. Cuántos foros en los tener una palabra adecuada o un silencio oportuno. Cuántos espacios en los que diluirse dando sabor como la sal.
Sí, porque de eso se trata, de diluirse. Sin complejos, claro que sí, pero sin alardes tampoco, porque aquí nadie tiene la panacea de nada. Y sí, algunos me dirán, "pero, y el tesoro que llevamos... o la Palabra que hierve dentro..." El tesoro es el de la vida a entregar, el testimonio en lo cotidiano, el hacerse presente en las fronteras de nuestro mundo para, humildemente, ver qué podemos hacer con ellas. Y la Palabra no será otra que aquella que da aliento a los abatidos de la historia, sin olvidar que seguimos siendo aprendices de la misma, discípulos.
Otra cosa será invadir, por muy buena intención que se tenga.

24M

Alguien que me acompañaba a las 8 de la mañana en la convocatoria de la mesa electoral (yo, de tercer suplente y por eso puedo contároslo) me decía que nunca había votado (treinta y largos años). Yo le soltaba la manida frase:"Entonces, luego, no te quejes." Y me respondía que ella no se quejaba., que ya se sabía, lo de la crisis y tal y que todos chupan del bote y eso... pero que, para qué votar. Estos días me preguntaba que dónde estaba realmente el problema para que, a pesar de los pesares, haya tanta gente que prefiera mantener el status quo y no haya una mayoría suficiente ilusionada con un cambio real. Creo que aquí está la cuestión: no es el hecho de que haya mucha gente que no vaya a votar, sino el de la desidia generalizada, la falta de preocupación por la realidad, el no ser capaces de levantar la mirada más allá del ombligo del propio microcosmos, la incapacidad de ver fuera del autoencapsulamiento... eso para los que no votan y para los que votan sin un mínimo de crítica o de empatía con la realidad que circunda y que va más allá de la puerta de la casa.
Siento que este es un fin de semana especial. Confluye que es la fiesta del Espíritu, esa potencia creativa, en movimiento, artística, que impulsa a la evolución, porque no es ni más ni menos que la Vida en ebullición. El mismo Espíritu que impulsó a #OscarRomero a poner a los excluidos del Salvador en el centro de su corazón, el mismo que ha llevado a la Iglesia a reconocerlo como modelo (la del pueblo lo hizo al momento, la institucional, a los 35 años de su muerte).
Es posible que ese impulso de Vida, de reconocimiento de aquel que dio la suya por los desplazados para recuperarla de nuevo en su pueblo Resucitado, ese hálito de solidaridad, de novedad, haga del día de hoy una jornada histórica a nivel político.
#AVotar

Y el cambio... ha llegado.

Tenía la intuición de que había algo muy profundo en todo aquello, como cuando tienes una certeza interna absoluta de que algo tiene ese matiz de lo auténtico, incluso, ¿por qué no? de lo "espiritual". Aquella creatividad, aquella alegría convertida en clamor pacífico en las calles... Le dio sentido y sabor a un momento duro de mi vida. Luego vinieron a decirnos que en qué había quedado todo, la ilusión, la fuerza, las ganas de cambiar la realidad injusta, ese despertar de conciencias de las adormideras del sistema... dónde quedaban, para qué habían servido y las propuestas concretas, y el cambio soñado? 4 años después comienza a manifestarse el fruto, el cambio esperado porque, las cosas que manifiestan la auténtica evolución de la Vida, van despacio.

Del blog de Cristianismo y y justicia.

Cristianisme i Justícia. “Dormíamos, despertamos” era uno de los muchos lemas que desde el 15M se coreaban continuamente o se podían ver escritos en pancartas en algunas de las plazas que fueron tomadas por la ciudadanía hace 4 años. Durante este tiempo se ha dicho muchas veces que el 15M no sirvió para nada. Se tachó a sus integrantes de utópicos, se les acusó de falta de concreción en sus propuestas, de falta de organización política…, y tras el ciclo electoral del mismo 2011 en el que parecía que nada había cambiado, volvimos al viejo mundo de las mayorías absolutas, de unas instituciones que daban la espalda a la ciudadanía.
La cosa sin embargo, se iba cociendo por dentro. Y desde CJ hemos podido ser testigos de ello. Ya lo quisimos relatar durante aquellos días de mayo de 2011, haciéndonos presentes en las plazas y compartiendo el grito de indignación ante una crisis que estaba haciendo estragos y que nos imponía aquel mantra del ‘no hay alternativa’. Después quisimos dar a conocer pequeñas y grandes grietas que iban abriendo camino para dar paso a la esperanza de ese otro mundo posible que ya está en marcha. Incluso nos atrevimos a elaborar nuestra propia tesis, compartida con muchos otros: “no estamos viviendo una época de cambios sino un cambio de época” y lo dejamos por escrito en el cuaderno de Oscar Mateos y Jesús Sanz, Cambio de época. ¿Cambio de rumbo?.
La jornada electoral que vivimos ayer en el Estado español confirma de alguna manera estos pronósticos: las coordenadas que nos habían servido para entender nuestro mundo hasta ahora, han cambiado.Nuevas formaciones políticas se abren camino ante el muro del bipartidismo, nuevas formas basadas en la confluencia y el trabajo conjunto demuestran un gran rédito electoral, y la ciudadanía toma la palabra: lo certifica el aumento notable de participación en todas partes.
Con el cambio se perfilan nuevos proyectos municipales donde se habla de habitabilidad, de situar a las personas en el centro, de sostenibilidad, de poner en valor las tareas de cuidado, de tomar decisiones colectivas, de transparencia, de empoderamiento, de feminismos, de visibilización institucional…
Independientemente del resultado una cosa está clara, estamos explorando nuevas vías de democracia participativa, más cercana a la gente, y estamos diciendo no a una democracia secuestrada por los mercados. Lo que sucedió ayer pone de manifiesto que la democracia no es algo unívoco ni inmutable y que no es patrimonio de élites ni oligarquías. Se inicia pues un tiempo de gran esperanza y también de gran incertidumbre.¿Estaremos a la altura para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria? La oportunidad de hacer las cosas bien comienza ahora. Queda inaugurado el ‘cambio de época’.

martes, 28 de abril de 2015

La ira

"La ira no siempre es pecado. En ocasiones puede ser una virtud, una fuerza moral... Jesús también se airó a veces...se llenaba realmente de ira cuando veía la injusticia, la santurronería, la ceguera y la crueldad de quienes hacían sufrir a las personas... la ira de Dios es la ira... de los oprimidos y la de todos aquellos que viven en solidaridad con ellos. Es la experiencia de la indignación a la vista de la crueldad humana. Esta ira es parte esencial de todo auténtico y profundo amor a los demás.
... El pecado no es la ira, sino el alimentarla. La ira es una poderosísima fuerza motora y los que no son capaces de airarse son débiles e ineficaces. El amor sin ira no sólo es tenue y apático, sino que no es amor en absoluto... los que se mantienen "amables" y "suaves" en cualquier circunstancia son unos cobardes tímidos y asustadizos. Un amor vigoroso, decidido y eficaz es un amor airado. La ira no deber ser alimentada sino transformada en impulso, energía, determinación, creatividad y coraje.
Los que no son capaces de sentir ira por lo que está ocurriendo... es que no aman realmente a la gente... si no experimentamos ningún sentimiento de ira por lo que se está haciendo a la gente, tampoco experimentamos a Dios".
Albert Nolan. "Dios en sudáfrica: el desafío del Evangelio".

Albert Nolan, sacerdote dominico, escribe estas palabras sobre la ira en la época del apartheid en Sudáfrica. Es una interesante reflexión a tener en cuenta. La ira como energía vital hay que saber reconducirla, no replegarla ni reprimirla como puede derivarse de determinadas prácticas o escuelas orientales o como el mismo cristianismo ha postulado en algunas ocasiones.
Ira fue lo que sentí ayer ante las declaraciones de la Sra. Aguirre sobre los  indigentes en Madrid. Una auténtica maniestación de una ideología de fondo perversa y malvada. No suelo hablar directamente de los políticos, pero en este caso la indignación es tan fuerte que no puedo callarme. Anteponer la imagen del centro de Madrid, poner por delante el interés de los turistas que llegan y que son los que verdaderamente dejan dinero en la ciudad (casi que cito textualmente), sin tener en cuenta la cantidad de factores y causas que han llevado a las personas a la calle, me parece de una crueldad supina. Esta señora quiere gobernar Madrid, y posiblemente salga elegida, lo cual aumenta la indignación.
Canalizar nuestra ira para transformarla en energía vital para que cosas como éstas y otras tantas no pasen es lo que nos queda.

miércoles, 15 de abril de 2015

#JeSuisInmigrant

400 vidas, 400 rostros, 400 miradas, 400 historias... sueños, palabras, silencios, 400 familias dejadas atrás o llevadas también por delante... 400, un número que parece que en sí ya fuera una entidad. La entidad numérica... pero no, una a una trato de traer vuestras imagenes a este espacio pero no puedo porque no os conozco. Una a una vuestras vidas, uno a uno vuestros rostros, una a una vuestras miradas, una a una vuestras historias sin narrar... uno a uno vuestros sueños... 
26 minutos ha tardado la televisión pública que todxs pagamos en nombraros así, todos juntitos, porque tampoco os conocen. 26 minutos de irrelevancia, de solapamiento, casi de ocultación. 26 minutos en los que Rodrigo Rato, P. Iglesias, Maduro, el petrolero, la ley del aborto, etc. han sido más importantes que vuestras vidas perdidas una a una. No he podido hacer el recuento de minutos en otros canales, pero, casi por el estilo. Ciudadanos de segunda, de tercera o sin división. Los nadies (quién jugará con las palabras para traeros a la consciencia y a las conciencias si ya no esta Galeano?) Y nadie que diga #JeSuisInmigrant ni presidentes que se desplacen a la zona, ni manifestaciones de altos mandatarios repitiendo a una con el Papa que esto es una vergüenza, que ni uno más, que ya está bien de que el mar sea un cementerio. 

Descansad en paz. Frucificad en las luchas de los que no os olvidan, en la paz de vuestros países, en el consuelo de vuestros familiares, los únicos que os conservan, uno a uno, sin cifras de por medio.

viernes, 20 de marzo de 2015

De elecciones

Tampoco interesa mucho por aquí a quien voy a votar, aunque no tengo ningún problema en dialogarlo personalmente. Por eso pido disculpas si a veces mi indignación y la visceralidad que ésta me provoca me lleva a decantarme públicamente (la visceralidad tiene poco de serenidad y por tanto, de consciencia por lo que no hay que echarle mucha cuenta).
Pero sí quiero claramente hacer algunas consideraciones
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1. Mi ilusión por el año que estamos viviendo. Hace justo 4, se experimentó en España una primavera inaudita, en la que un pueblo aparentemente dormido y amaestrado por el fútbol y el "sálvame", se ponía en pie y salía a las calles diciendo que aquellxs que en teoría eran depositarios de la soberanía de la gente expresada en las urnas, ya no nos representaban.  Muchos decían que aquello era de unos cuantos "perroflautas" y que la efervescencia pasaría como la espuma de mar. Pues bien, no ha sido así. A partir de ahí nacieron movimientos sociales de lucha por la dignidad de las personas que se han mantenido incansablemente en un activismo eficaz y contundente. De ahí han nacido nuevas fuerzas políticas que con su inexperiencia y sus fallos tratan de recoger la antorcha de de aquel movimiento ciudadano sin precedentes.

2. La responsabilidad de que el domingo vayamos a votar. No vale el "estoy harto/a de los políticos". Levantarse de ese hastío provocado por su ineficiencia, reflexionar qué grupo puede responder mejor a las necesidades sociales del momento, quién va a estar de parte de los ciudadanos, y acudir al punto electoral que nos toque, debe ser, (aparte de un privilegio que quizás mucho aun no sepamos apreciar) un imperativo ético más grande que el no saltarse un semáforo en rojo. Para que después podamos hablar con propiedad, criticar, exigir, etc.

3. El cambio indica evolución. La evolución es lo que nos hace desarrollarnos como personas y como sociedades. Los dos partidos mayoritarios y que nos han gobernado casi todo el período democrático han producido tal hartazgo en los ciudadanos que está propiciando la entrada en el juego político de otras formaciones. Tanto la corrupción de estos dos partidos (PP-Psoe), como el comprobar que quien nos gobierna no son aquellos en quienes pusimos nuestras esperanzas sino los grandes grupos de poder financiero del mundo, hacen que la sociedad quiera el cambio. Quererlo aun con la inseguridad de que no sabemos qué se les permitirá hacer, porque el "Goliat" es tan grande... (Lo estamos comprobando en Grecia). No obstante, siento que hay que perder el miedo al cambio. Atreverse a votar a estos nuevos partidos
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4. Considero que los pocos que os atreváis a leer este tostón de los míos sois gente de bien y que buscáis el bien. Por ello interpelo a la consciencia y a la conciencia. Tendremos que votar a aquellas formaciones políticas que busquen el bien. La búsqueda del bien pasa inexorablemente por la búsqueda del bien para los que lo pasan peor (parados, desahuciados, mujeres, enfermos, ancianos, inmigrantes y el largo etcétera de los que lo pasan mal en nuestro país). Consciencia habla de lucidez. Tenemos que ser lúcidos. La consciencia ilumina a la conciencia y ésta hace que actuemos en justicia, éticamente, aunque luego podamos comprobar que nos hemos equivocado. Y si nos hemos equivocado, habrá que reconocerlo e intentar cambiar las tornas la próxima vez que nos dejen. Pero repito, perder el miedo al cambio es fundamental.

En fin, ojalá que vivamos este próximo domingo con responsabilidad y con ilusión, la ilusión de que las cosas pueden ser de otra manera y no como nos dicen que tienen que ser.

martes, 10 de marzo de 2015

La religión en la escuela


Estos días días se ha reactivado el debate sobre las clases de religión a raíz de la aprobación del curriculum para la materia elaborado por la conferencia episcopal. Sobre este tema, que no me es ajeno porque lo he tocado durante algunos años, me gustaría expresar mi opinión.
Tengo amigos que se ganan la vida impartiendo estas clases a los que estimo y que quizás no vayan a estar de acuerdo conmigo. Les pido disculpas. Quiero recordar que también yo algunos años he estado viviendo de esta posibilidad que se me dio y no por ello dejé de pensar "en justicia". Reconozco que, a pesar del desbarajuste administrativo en el que a veces viven estas personas y la lucha de años por tener unos derechos laborales dignos, la manera de acceder a la plaza de maestro/profesor de religión es altamente injusta comparada con las demás especialidades. No reconocer esto creo que sería opinar desde la más absoluta subjetividad interesada. 
Pero no es este el tema al que me quiero referir. 
Evidente y manifiestamente estoy en contra de cualquier adoctrinamiento en la escuela, de utilizarla como plataforma "privilegiada" para una catequesis que en la parroquia o en los hogares (lugares donde únicamente deben darse) está perdiendo tanto fuelle, que muere por inanición. Pero me gustaría ir más allá de esta opinión que no creo que nadie dude que la tenga.
En el debate quiero introducir dos elementos que son básicos para tener en cuenta:
1. La dimensión espiritual del ser humano. Entiendo que esto que para muchos pueda ser fundamental y un aspecto certero y, por tanto, a no pasar por alto, para muchos otros no sea así. Por un lado, habrá que decir que, afortunadamente, cada vez más gente es capaz de verlo, incluso gente que discrepa o se siente lejos de cualquier tradición religiosa. Siento que es un tema que hay que empezar a poner encima de la mesa. Hay profesores que desde su propia libertad de cátedra están introduciendo esta dimensión en sus clases. Me consta que hay colegios que también. Así como en la escuela se trabajan otros aspectos que se consideran elementales para la educación de los niños y jóvenes y que en los actuales currículos se trabajan a través de las llamadas competencias (por desgracia, otros elementos fundamentales como la educación artística o la música van perdiendo relevancia en beneficio de otros relacionados con el mundo mercantilista y competitivo en el que vivimos y que a nuestro ministro de educación le parecen más importantes), también sería necesario introducir esta dimensión de la que hablamos. Cada vez más gente la consideramos no sólo básica, sino que constituye la raíz de la construcción de la persona. ¿A qué me refiero concretamente y cómo poder hacerlo? Pues, entiendo que desarrollar en los alumnos aspectos como la introspección, la educación de la respiración consciente, el gusto por el silencio, la capacidad de conexión con su misterio más profundo, de reposar en él a través de la meditación, la capacidad de asombro, de admiración por la belleza, de contemplación gustosa, la posibilidad de trascender lo mental y detenerse en lo intuitivo, en la experiencia más amorosa y del corazón, y otros muchos elementos más, son básicos para el crecimiento armonioso de los hombres y mujeres del futuro si es que es verdad que queremos una sociedad nueva. Y me atrevo a decir que tampoco estará demás decirle a los estudiantes que a esa realidad  profunda y a la vez trascendente, muchos la llaman Dios, Padre-Madre, Alá, el Buda, Misterio, Ser, Espíritu, lo más real de uno mismo, la Consciencia, etc, etc. Y, ¿cómo hacer esto? ¿Habría que crear una materia para ello, un tiempo definido para desarrollarlo? Creo que en estos momentos no sería necesario. Con lo cual, habría que trabajarlo transversalmente. El otro día en la noticia que ha corrido por las redes sobre la iniciativa de los jesuitas en los colegios catalanes en los que estaban estrenando un modo nuevo de hacer escuela sin horarios, asignaturas, exámenes, etc., se hablaba de que en ese modelo nuevo, cada día se empezaba la jornada con un momento de introspección, de silencio. En la medida en que nos vayamos atreviendo a crear otro modo de enseñar diferente, este tipo de actividades y experiencias tendrán más cabida. Y si no, siempre hay momentos y espacios en los que pueda hacerse. Tengo una amiga que es profesora de tecnología y practica biodanza con sus alumnos/as. ¿Quien dice que el que no se lo propone no puede conseguirlo? ¿Quién lo impide? El reto, en esta coyuntura, será que los docentes que creéis en ello, os atreváis a dar estos pasos. El tiempo que estuve dando clases de religión en esta última etapa de mi vida, me atreví a introducir la meditación en varias (muy pocas) ocasiones. No lo hice más por falta de seguridad en mí mismo y por esos complejos que nos impiden romper e innovar. Puedo decir que luego fue de las experiencias que más me reclamaban los chavales.
2. La cultura religiosa. Son innegables los pilares sobre los que se asienta nuestra sociedad, el no querer verlos obedece más a una cuestión de obcecación ideológica que a otra cosa. Pongo siempre el mismo ejemplo: Si un niño observa el cuadro de la Anunciación de Fra Angelico, para captar mucho más su belleza y, por tanto, su sentido, tiene que conocer la escena que en él se representa. Saber quien es María, quien es el Ángel Gabriel y qué posible diálogo están teniendo los dos en el cuadro. En Andalucía, otro ejemplo, sería llamativo contemplar la emoción de muchos jóvenes al ver pasar su cofradía por delante y que no supieran quien es el "Caifás" que está condenando a Jesús. Por otro lado, en esta sociedad pluricultural y plurireligiosa, es imprescindible que nuestros alumnos sepan que la peregrinación a la Meca es uno de los cinco pilares del Islam, qué es el Ramadán, en qué contexto predicó Mahoma, como llegó Sidharta al nirvana, o qué se celebra en el Shabat. Y en esto soy contundente: todo esto y mucho más debe ser materia curriculum obligatoria para todxs.  ¿En qué asignatura? ¿Habría qué crear una materia para estas cosas? ¿La asignatura de religión de toda la vida?, ¿una que se llamara Cultura religiosa? ¿Habría que desarrollar temarios sobre estos asuntos e introducirlos en asignaturas como historia, o historia del arte...? no lo sé. Eso se lo dejo a los expertos.
En conclusión, no al adoctrinamiento, no a la catequesis en la escuela, sí al desarrollo de la dimensión espiritual del ser humano, sí a una cultura religiosa y plurireligiosa desde el punto de vista de adquisición de conocimientos, y ¿por qué no? de experiencias que los enriquezcan. Y en este último aspecto tendrían cabida mis amigos y compañeros profesores de religión, porque creo que estos aspectos deben tratarlo profesionales al respecto, gente formada para ello. Eso sí, desde una posición abierta, respetuosa, tolerante, sin pretender catequizar ni convertir a nadie. Conociendo los pilares del resto de las tradiciones religiosas, desde un reciclaje y una formación permanente. Y por supuesto, y fundamentalmente, accediendo a esos puestos de trabajo de una manera más justa.

martes, 24 de febrero de 2015

"Era una puta, lo hiciste bien."

Puta: según el diccionario de la RAE: prostituta (persona que ejerce la prostitución). 
Buscando otros significados: Persona que obra con malicia y doblez, despreciable... 
Y por último, ampliando a un significado no recogido en los diccionarios por la connotación sexista y machista que encierra pero que pertenece desafortunadamente a la semiótica de una gran parte de la población, "puta" también es un vocablo referido a las mujeres (nunca a un hombre) que vive en su vida cierta promiscuidad o que no es fiel a su pareja. 
- Refiriéndonos a la primera acepción, (no vamos a pararnos en una reflexión seria sobre el hecho de que un alto porcentaje de las mujeres que ejercen la prostitución están siendo de una manera o de otra obligadas a ello, ni en todo lo que hay en este fenómeno de explotación, vejación, discriminación hacia las mujeres), podría parecer de claridad supina el que una mujer que ejerce la prostitución, por el hecho de ejercerla, no merece ningún tipo de maltrato ni físico, ni moral, ni psicológico. Desgraciadamente y para vergüenza de todxs, no es así; esta cuestión no está tan clara todavía. 
- Con respecto a la segunda acepción, habría comentar que la palabra "puta" como persona despreciable, con malicia, también se utiliza en femenino, o sea, referido a las mujeres. Si se utiliza en masculino "puto" nos estamos refiriendo a una cosa, circusntancia, u acontecimiento molestos. Algunas veces también se utiliza en referencia a los hombres pero como adjetivo, casi nunca como sustantivo. (puto coche, puto día, puto médico...) Raramente un hombre es un "puto", así a secas.
- Con respecto a la acepción machista y sexista tan bien instaurada en el inconsciente colectivo, parece que también debería de quedar claro que por muy promiscua que fuera una mujer nadie puede violentarla ni maltratarla de la manera que sea, por muy ofendido que se sienta el presunto "cornudo". Esto está aún menos claro que el punto primero para gran parte de nuestra sociedad. Evidentemente, no hay ni que decir que esta acepción nunca es utilizada para un hombre. Suena ridículo llamar a un hombre "puto" porque sea un promiscuo, por el mismo vocablo en sí, y porque un hombre sí puede ser todo lo promiscuo que quiera.
Es indudable que los aficionados al Betis que coreaban este fin de semana que la pareja del jugador acusado de maltrato se merecía que le pegaran porque era una "puta" estaban refiriéndose o a la segunda, o a la tercera acepción. Yo me temo que a esta última. Con lo cual se abren tres debates.
1. El maltrato a la mujer con todo lo que eso conlleva de afirmación de un enorme complejo de inferioridad del hombre. Debate manido, pero en el cual faltan ingredientes, seguramente, porque no somos lo suficientemente capaces de inferir con la adecuada contundencia en la sociedad y sobre todo en las nuevas generaciones.
2. Al que quería llegar y que me parece que es paralelo al anterior o que está de fondo. El hecho igual o más machista de que una mujer sea insultada por ser promiscua, o simplemente la ligereza con que este vocablo se utiliza para vilipendiar al género femenino, utilizando precisamente esta palabra que proviene del campo de la sexualidad. El debate aquí daría para mucho (por ejemplo: ¿por qué una mujer es considerada una "puta" o una "guarra" por el hecho de que practique el sexo con asiduidad con distintas personas y para un hombre con estas características, en cambio, simplemente sean logros, batallas ganadas, experiencias que lo acreditan como conquistador, "macho alfa", etc?. Por supuesto tendríamos también el tremendo tema de que una mujer merezca ser castigada por serlo.
3. El debate en el que muy pocos entran del todo: el de la violencia en los campos de fútbol. Caldo de cultivo para sacar fuera frustraciones personales que en ese clima de peligrosa emotividad histérica se juntan a la de muchos otros, generando violencia hacia el contrario o hacia el más débil (las mujeres, los inmigrantes...) Insisto lo que he dicho otras veces, es un asunto que como sociedad tenemos pendiente y que ni siquiera los medios de comunicación más críticos o menos afines al sistema, tratan abierta y concienzudamente. Ya sabemos los dos ingredientes que se mueven en el fútbol: dinero y una forma de canalizar las energías del pueblo, de tenerlas controladitas, de distraerlo para que no se piense en otras cosas ("panem et circenses"). 
El acontecimiento de una afición entera coreando a favor de un presunto maltratador porque su pareja merecía ser castigada por ser una "puta" no es baladí sino que creo que es bastante preocupante y toma bien el pulso de nuestra sociedad. Al margen de los debates planteados, habrá que ver qué se mueve, que medidas se toman, hasta donde llega la reflexión, la asunción de responsabilidades. Seguramente habrá algún gesto simbólico para matar el momento mediático (o quizás ni eso). Porque al gigante, de nuevo, será mejor no "meneallo" pues sigue teniendo a la gente aglutinadita y aborregadita y sigue dando mucho dinero a unos pocos.

viernes, 20 de febrero de 2015

Carta a Carmen

Carta a Carmen: activista, lesbiana y cristiana
Pepa Torres.

Querida Carmen:
Acabo de leer tu carta y como siempre desde que te conozco me ha emocionado tu palabra honda, tu pensamiento crítico y tu convencimiento, que es también el mío, de que es urgente seguir apostando por la construcción de una iglesia y una sociedad liberadas del pecado de la homofobia. Me compartes en ella la sorpresa, la esperanza y también la ambigüedad que supusieron para ti las declaraciones del papa Francisco, sobre los homosexuales y el matrimonio de personas del mismo sexo hace un par de años [1].
Dices que tu primer sentimiento fue de “perplejidad gozosa” ante unas palabras que hace tiempo habías dejado de esperar de las autoridades eclesiásticas, ya que lo habitual suele ser el “maltrato” o la cosificación, quedar reducidos a “tema de catecismo o doctrina”, y negar vuestra radical dignidad de personas, hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas a imagen y semejanza del Amor, obra de su Espíritu diverso y portadores y portadoras de él como un don para la comunidad. Compartes también la experiencia de “alivio” inicial que te embargó, así como la fuerte “convicción interna” que experimentaste de que el Evangelio es verdad y no letra muerta, y que con la fuerza de su espíritu las palabras y obras de las cristianas y cristianos han de estar en continuidad con ella, algo que frecuentemente, dices en tu carta, cuesta historizar en la iglesia, de modo que más que una comunidad de amor se convierte en una “comunidad de ley” que expulsa a los y las diferentes.
Por eso quizás las palabras sencillas del papa “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?” te evocaron de forma inmediata las de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Mt 7,1-5), “Yo no te condeno” (Jn 8,1-11). Pero junto al alivio te refieres también a un sentimiento de malestar, como un aguijón en la piel, ante la extraña sensación de tener que ser perdonada por lo que eres. Añades también que tu deseo más hondo en la iglesia no es ser tratada de forma paternalista o benevolente, que no quieres ser objeto de su misericordia sino sujeto activo en ella, con acceso a la plena participación en sus ministerios. Me conmueve tu insistencia en que las lesbianas y los gays no sois una “desviación a corregir” ni  enfermos a tratar con terapias restaurativas, sino que a lo que nos urgís, como bien dices, es a  combatir el pecado de la homofobia y la violencia del heterosexismo dominante dentro y fuera de la iglesia. En tu carta me compartes también con dolor el sentimiento de invisibilidad que como mujer lesbiana sigues teniendo en una iglesia que no se atreve ni a nombrarte, sino que designa e incluye tus sueños, tus luchas, tus sufrimientos, en el “molde masculino”, reproduciendo así el patriarcalismo que tanto daño hace a quienes existen, viven piensan y se aman más allá del binarismo sexual.
Tu carta, querida Carmen, una vez más me ha dado que pensar. Nunca me cansaré de agradecer a Dios el gran regalo que sois en mi vida tantos amigos gays y lesbianas y cuya autenticidad y generosidad ha fortalecido siempre la mía y me ha abierto a nuevas perspectivas y visiones sobre la sexualidad, el amor, la libertad, el respeto, y la diversidad en la comprensión de lo que significa ser persona y sin las cuales hoy no sería la mujer creyente que soy. Hemos sido compañeras y compañeros en muchas búsquedas y luchas comunes. Desde pascuas juveniles donde nos preguntábamos por el sentido de la vida, a otras por una sociedad más inclusiva e igualitaria: movimientos vecinales, reinserción de personas drogodependientes y presas, comités antisida, colectivos feministas y de derechos humanos. A menudo he sido testigo de la paradoja de vuestra militancia, comprometidos en las causas de otros y con otros, pero invisibles y silentes en la vuestra, por el alto precio que teníais que pagar incluso en el seno de los propios colectivos en los que nos encontrábamos, como bien refleja aquella película que vimos juntas hace ya tantos años La muerte de Mikel.
Hoy me gozo con vosotras y vosotros de lo que ha supuesto en vuestras vidas y también en la mía y en la de la sociedad española, vuestra “salida del armario” y la visibilidad pública de vuestras (y también nuestras) luchas. En estos tiempos que corren de recortes de derechos y de libertades me alienta seguir haciendo el camino juntas denunciando políticas excluyentes y exigiendo que se promulguen leyes que equiparen los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales y protejan de la discriminación [2].También las declaraciones del papa Francisco avivaron mi esperanza, a la vez que considero que es urgente ir más allá de las declaraciones compasivas yactivar la realización de cambios profundos en el decir y el hacer de la iglesia en este tema. Creo que es imprescindible la apertura a nuevos paradigmas científicos y  filosóficos y a  hermenéuticas que ponen bajo sospecha la ideología heterosexista como un ídolo dentro de la propia teología y como “norma” y paradigma de lo humano. Es necesario que la teología católica dialogue con las teorías sexuales constructivistas [3] y se libere de la violencia epistémica que reproduce a su vez nuevas violencias y opresiones sobre quienes no se identifican con la heterosexualidad.
Junto a ello espero también que se lleven a cabo modificaciones concretas en el estatuto vigente sobre cristianas y cristianos lesbianas, gays, bisexuales o transexuales en la iglesia, así como en la doctrina expuesta en el catecismo y en el Código de Derecho Canónico sobre la homosexualidad, pues legitiman la violencia y el sufrimiento de los homosexuales y lesbianas en todo el mundo. Creo sinceramente que pasar de los gestos a la praxis significaría por ejemplo favorecer campañas sobre el uso del preservativo para combatir las enfermedades de trasmisión sexual en el mundo o avanzar en algún tipo de declaración pública en el marco de la ONU condenando la persecución de los gays y lesbianas y no avalar así con el silencio, el voto y la complicidad del Vaticano la persecución y los crímenes por la orientación sexual como sucede en tantos rincones del planeta.
Querida Carmen me alegra también mucho lo que me compartes de tu relación  con Isabel. Creo que a estas alturas de vuestras vidas con 25 años de vida en común y tantas dificultades y barreras como habéis tenido que saltar juntas vuestro amor es un amor a toda prueba y vuestra unión y fidelidad es para muchos de nosotras y nosotros un símbolo de la incondicionalidad del amor de Dios por su pueblo. Dios bendice vuestra unión y se goza con ella. Me alegra que deseéis celebrarlo y comprometer públicamente vuestro amor aunque sea en la intimidad de algunos amigos y amigas y familiares. Por supuesto, no faltaré a la cita.
Ya para despedirme me gustaría hacerlo recordando juntas aquellos textos que compartimos  hace ya algún tiempo y que tanto bien te hicieron. Me refiero a las declaraciones del obispo anglicano Mauricio Andrade en las que se afirmaba que la orientación sexual no es lo que define nuestra salvación ya que el Evangelio proclamado y encarnado por Jesús fue contracultural e inclusivo con todos los marginados y marginadas  y que no existe ninguna palabra o gesto de condena en el Evangelio sobre la homosexualidad o el lesbianismo, sino que por el contrario, Jesús escuchó y se hizo cargo del sufrimiento de un hombre que amaba a otro hombre y que acudió a él pidiendo la salud-salvación de su amante[4].
Desde que nos conocemos hemos hecho cada una un largo camino de crecimiento personal y madurez y en él nuestras diferencias han sido siempre una riqueza y una oportunidad, deseo de todo corazón que así siga siendo. A estas alturas de nuestras vidas sabemos que “todo va siendo poco a poco mejor”, por eso con esta expresión “it gets better”, termino mi carta y me sumo con ella a la campaña llevada a cabo en Estados Unidos por el obispo episcopaliano Gen Robinson contra la homofobia[5].
Con todo mi cariño.
Pepa
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[1] Declaraciones del papa Francisco a su regreso de la JMJ en Brasil en http://www.vidanueva.es/2013/07/31/transcripcion-completa-de-la-entrevista-del-papa-francisco-en-el-avion-de-brasil-a-roma/ y en la entrevista  realizada  por Antonio Spadaro, director de Civiltá  Cattólica al papa Francisco, en http://www.razonyfe.org/images/stories/Entrevista_al_papa_Francisco.pdf
[2] Manifiesto de Crishmon con motivo del día del orgullo LGTB2013, en http://www.crismhom.com/
[3] Me refiero por ejemplo a las teologías sexuales “Queer”. Cf. MARCELLA M. ALTHASU- REID,  Teologíaindecente: Perversiones teológicas en sexo, género y política, Bellaterra, 2005.
[4] Citado en CYNARA MENEZES, “¿Es pecado ser gay, Una opinión evangélica de líderes cristianos?”, en http//comunidadereflexionyespiritualidadeva.blogspot.com. Me refiero también a XAVIER PICAZA, “Jesús sana al amante del centurión“, http://www.cristianosgays.com/documentos/

[5] Mr. Gene Robinson en “It gets better” en http://youtu.be/nPBCb-tkpfM