viernes, 6 de febrero de 2015

A los fallecidos en el Tarajal, en el primer aniversario de su muerte

A los fallecidos de la frontera del Tarajal, en el aniversario de su muerte.
Del salmo 26 (Salmo del día de hoy).

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Aunque es de noche, tu luz no me falta. Nos hemos concentrado, unos 300 en la explanada. Los líderes nos han movilizado porque dicen que hoy puede ser un buen día para ello. Lo hemos intentado por la valla pero ha sido imposible. Un grupo de varias decenas nos hemos acercado a la costa. Hoy tenía que intentarlo. A pesar de que el mar sigue imponiéndome, hoy parece en calma de una manera extraña. Un grupo de amigos me ha animado a que me una a ellos. Son 10 meses viviendo en el bosque, esa situación de superviviencia, de alerta continua, de ataques a nuestros campamentos, de no poder avanzar ni retroceder, está mermando mis ánimos. El Señor me ha protegido todo el viaje, en Él he puesto mi confianza, no puede fallarme en estos últimos momentos. Las luces de la ciudad de Ceuta han sido durante este tiempo como el resplandor de la tierra prometida, una guía, un impulso... Nos dicen que es posible que la Guardia Civil esté al otro lado vigilando, pero son españoles, nos trataran mejor que lo han hecho los guardias marroquíés todos estos meses porque en Europa se protegen los derechos humanos. ¿A quien voy a temer Señor, si tú eres mi faro? Comienza a amanecer, adelante!
El Señor es la defensa de mi vida ¿Quien me hará temblar?
Somos un grupo numeroso, varias decenas. No sé nadar demasiado bien porque en mi país vivo muy lejos del mar. Pero temo por alguno de mis compañeros que todavía nadan peor que yo. Parece que no es mucha distancia. Hay que intentarlo. Tú eres mi fuerza, nada puede amedrentarme porque tú, Señor, vas conmigo. Hay que nadar rápido, sabemos que hay guardias a los dos lados. Es lo último que nos han dicho. Pero...
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla...
Suenan disparos. ¿Cómo es posible? Somos 30 o 40 personas desarmadas, indefensas, dentro del agua. Siento como una especie de proyectiles pasar cerca mía, no es posible! algunos compañeros gritan, comienza el caos... se siguen escuchando detonaciones y se ve humo, como de gases lacrimógenos... siento un impacto en mi hombro... el dolor es terrible, pero hay que seguir, mi corazón no tiembla, mi corazón no tiembla.
Si me declaran la guerra me siento tranquilo.
Pero por qué la guerra? Somos gente pacífica, sólo queremos realizar el sueño de una vida mejor. En el caos creado siento que hay compañeros que gritan por su vida. Son pelotas de goma y vienen de suelo español. A pesar de lo cerca que estamos es imposible llegar. Grito socorro, el dolor en el hombro no me permite seguir nadando, voy perdiendo las fuerzas. Creo haber visto algún compañero flotar, hay barcos alrededor que empujan cuerpos hacia el lado marroquí, no sé si vivos o muertos. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro... que mi confianza no desfallezca, me trajiste hasta aquí, no puedes fallarme. Quién llamará a mi madre?
Un impacto brutal en la cabeza me hace perder el conocimiento... Se acaba la angustia.
Ahora... él me protegerá en su tienda en este día del peligro. Me esconderá en lo escondido de su morada. Me alzará sobre una roca. Y allí seré baluarte contra la injusticia, piedra de choque para los exculpados, para los gendarmes de leyes que cercenan la dignidad, el Derecho, la Vida. Ahí, tropezarán y caerán. Me convertiré en bandera que recuerde lo que no se hizo y lo que se hizo mal. Levantaré mi cabeza ante el enemigo que me cerca.
No me rechaces, Señor. Tú sigues siendo el auxilio de los olvidados. Cantaré y tocaré para ti, después de la gran tribulación.

jueves, 15 de enero de 2015

No todo se puede en nombre de la libertad

Eduardo de la Serna
Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
Las cosas que ocurren en nuestra historia, de ayer o de hoy ocurren en un contexto. Contexto que las permite comprensibles, al menos en parte (‘comprensible’ no quiere decir ‘justificable’, se trata de entender por qué algo ocurre). Ciertamente sabemos que se podría haber actuado de otra manera, y por “a” o por “z” las cosas no hubieran sido iguales, sin que podamos saber con precisión cómo habrían resultado. Es lo que se suele llamar “contrafáctico”.
La atrocidad ocurrida en Francia con el semanario Charli Hebdo me hace pensar, quizás de un modo no muy “políticamente correcto”, pero al menos escribo para pensar, y quizás ayudar a hacerlo.
Repudio visceralmente la actitud de superioridad de muchos sectores del “Primer mundo” frente a los del Tercero. Actitud de desprecio, discriminación en muchos casos, verdaderamente criminal. Los casos que podrían ponerse se cuentan por miles, desde la experimentación de fármacos con “tercermundistas” hasta los deseos de que el ébola acabe con los inmigrantes, la comparación de personas de piel negra con monos (en el fútbol y la política) hasta la prueba de nuevas armas con poblaciones indefensas… Y podríamos seguir. Pero lo cierto es que me resulta repugnante, y en el podio de estos “discriminadores” lamentablemente es frecuente ver franceses .(Me niego a decir ‘Francia’, porque sería discriminatorio también esto, no es lo mismo el Abbé Pierre que Jean Marie Le Pen, por cierto).
Repudio la campaña antimusulmana que se palpa en el mundo entero, especialmente a partir del 11 de septiembre. La actitud de ver en todo turbante un enemigo y un terrorista no ha de ser muy grato para cualquier musulmán. No soy experto en el Islam pero entiendo claramente que es una religión de paz y constructora de la paz. ¿Que hay violentos en su seno? ¡Seguramente! Los cristianos (católicos o protestantes) no podemos arrojar la primera piedra en esto. Y es sano mirar primero la viga en nuestro ojo antes que referirnos a la paja en ojo ajeno. Y me pregunto cómo nacerá una generación que experimenta desde pequeño, desde la escuela, que el mundo entero parece mirarlo como enemigo, como peligroso, como terrorista.
Cuando vi, hace tiempo, las caricaturas críticas al profeta Mahoma en Charli Hebdó reconozco que me molestaron. Me parecieron una falta de respeto. Y me preguntaba cómo reaccionaría yo ante caricaturas semejantes críticas o burlonas sobre Jesús. Y reconozco que me molestarían. Y que me gustaría sentarme con su autor a charlar y preguntarle por qué dice eso; porque son ofensivas, y provocan dolor en mucha, mucha gente. Y – lamentablemente – no todos los dolidos quisieran sentarse a charlar y preguntar. Porque en todo grupo nunca falta algún energúmeno que mata al de la camiseta de futbol contraria, que quema una bandera del país adversario, o que es capaz de entrar a matar a mansalva en una redacción.
Cuando escuché que los – aparentemente - autores del crimen en Charlie Hebdó dijeron que no eran criminales como los que matan mujeres y niños en Irak y Afganistán, debo reconocer que me pareció parcialmente cierto. Y agregaría también muertes con la tierra devastada después de la invasión, las enfermedades y el hambre. Los terroristas musulmanes no tienen el monopolio ni del terrorismo ni de la muerte.
Y esto – y más – me hizo pensar: ¿cómo romper la espiral de la violencia? Porque la respuesta violenta no hace sino llamar a más violencia. No olvido a las víctimas del supermercado kosher. Criminalmente asesinadas (por el terrorista o los rescatistas, no me queda claro). Y leer las declaraciones de Le Pen o de Netanyahu me hace creer que esto no hace sino alimentar nuevas y más crueles acciones, presentes y futuras. Tampoco es con burlas, por más ‘culto’ a la libertad de expresión que reconozcamos, valoremos y proclamemos.
En lo personal, entiendo que la libertad de expresión no es “derecho a ofender”, a lastimar, a agredir. Ya que nada sano nace de ello. Desde una perspectiva individualista se dirá que es el que escribe (o dibuja) quien debe establecer su propio criterio de ‘hasta dónde’, pero no estoy totalmente de acuerdo con eso. Porque quien se cree superior y entiende que un “negro es igual a un mono”, o que un musulmán es igual a un terrorista, difícilmente podrá tener un criterio equilibrado para saber cuándo algo que diga (o dibuje) sea ofensivo. Hay periódicos que tienen una suerte de ‘comité de ética’; a lo mejor las Facultades de Periodismo podrían publicar una especie de “criterios” o elementos mínimos. Pienso, a modo de ejemplo, que así como – en Europa, por ejemplo – se respeta los diferentes partidos e ideologías pero uno no puede presentar un partido “Nazi” (y celebro que no se pueda), no todo se puede en nombre de la libertad.
Hoy todos (o casi todos) nos dolemos con lo ocurrido en Francia, como ayer en las Torres Gemelas, y ayer y hoy en Afganistán e Irak. Y creemos que sólo la paz, la paz verdadera que nace de la justicia y la equidad, de la verdad y del respeto mutuo, del encuentro y la celebración de la diversidad nos permitirá reírnos juntos, no de otros, celebrar juntos, y no las victorias sino los encuentros.
Con todo mi corazón repudio lo ocurrido en Francia, sin ningún atisbo de duda. Pero reafirmo mi convicción de que la paz viene del encuentro, y no de la lógica triunfo-derrota. Y espero que todos, “empezando por casa” pongan cimientos verdaderos y firmes en la búsqueda de la paz.

martes, 13 de enero de 2015

Je ne suis pas Charlie


Como hijo de la democracia (los escasos años que me tocó ser coetáneo del ínclito dictador era tan pequeño que ni los recuerdo) nunca podré valorar como se merece lo que significó la conquista de sus valores más característicos. Creo que el de la libertad de expresión puede resultar de los más paradigmáticos. Lo que su ausencia produjo de dolor y sufrimiento para muchas personas lo hacen especialmente significativo una vez conquistado.
Por otro lado, creo que en este tipo de opiniones es necesario hacer una declaración de intenciones previa a las consideraciones a tratar. Pudieran parecer de Perogrullo pero no siempre parece que esté tan claro. Baste, por ello, decir que no creo en la violencia en ninguna de sus manifestaciones y mucho menos cuando es la vida de las personas la que se pone en juego. Los asesinatos a sangre fría, para colmo, suman un plus inigualable de maldad que convierten esas acciones en execrables, de las que te zamarrean por dentro. Tengo también que decir, y esto con algo de vergüenza, que cuando esos crímenes se comenten en países occidentales y sobre todo en Europa, el sentimiento de horripilación es mayor por muchos factores, algunos de ellos dignos de analizar y otros que se explican en la mera sensación de que lo que ha ocurrido está cerca y te puede tocar a ti.
Una vez dicho todo esto, y de nuevo andando de puntillas sobre este tema, me gustaría reflexionar y haceros partícipes a los que queráis de mi opinión sobre algunos asuntos. Creo que el derecho a hacer sátira de situaciones dolorosas, trágicas, enconadas de la sociedad o del mundo en general deber ser salvaguardado y no sólo eso sino que es sano, pues libera a través del humor de gran parte de la tensión creada por todo lo negativo. Repito que la conquista de la libre expresión es un bien a cuidar y a defender con uñas y dientes. Pero…
Para explicar lo que quiero decir no tengo más remedio que utilizar ejemplos que puedan parecer anodinos y no venidos al caso pero que espero que puedan ayudarme a hacerme entender. Al grano. Resulta que si a mí me molesta que te burles de mi madre seguramente el problema lo tengamos tú y yo. Yo, porque crea que la esencia de mi madre queda dañada ante tu sátira y tú por dos razones: La primera, porque quizás el motivo por el que te ríes de mi madre no es limpio y no nace tampoco de tu esencia. La segunda, porque no eres capaz de empatizar con mi sentimiento de sentirme ofendido por la sorna que haces de mi madre. Y en este caso, el derecho de que no te rías de ella prevalece sobre el tuyo de poder hacerlo libremente. Hasta que yo aprenda a que tu sátira no afecta ni a mi esencia ni a la de mi madre tendrás que respetarme. El valor del respeto está por encima del valor de la libertad de expresión. Al menos moralmente. 
Y alguien podrá decirme que la figura de una madre es lo más sagrado para la mayoría del género humano y que no se puede comparar con la de un profeta muerto hace casi 15 siglos. Creo que no hace falta decir que para los musulmanes la figura del profeta es tanto o más sagrada que la de una madre. Y esto, a los que no lo somos, nos gustará más o menos, lo entenderemos más o menos, pero es así. Y comprenderemos más o menos que no sepan reírse de sus principios más sagrados, como quizás yo pueda sonreír (o no) cuando ridiculicen a Jesucristo que es un referente, un modelo y un arquetipo. Pero, al margen de nuestras entendederas, habrá que respetar que ellos no puedan hacerlo y que se sientan ofendidos cuando sus referentes sean ridiculizados. Eso del tratamiento de choque para que aprendan no es válido en este caso. Mientras que para alguien sea doloroso y ofensivo que otros satiricen sobre figuras, personas, principios inviolables para esa persona, a los demás les tocará guardarse sus burlas. En eso consiste la empatía, la tolerancia, y el respeto. Y es cierto que valores que han costado sudor y sangre conseguirlos habrá que defenderlos y mostrarlos a otras culturas y luchar con leyes para que aquellos que atenten contra los derechos humanos se cumplan. Pero no creo que nuestro modelo de democracia sea ya ideal, hay mucho que revisar y habrá también mucho que aprender de otras culturas.
En este juego democrático y dependiendo de las circunstancias, hay valores que están por encima de otros y no se trata de renunciar a éstos, sino de saber utilizarlos en el momento justo, con las personas adecuadas.
Cuando la otra persona aprenda a reírse de lo suyo (y este es un reto que lanzo a todos, a ver el que está “libre de pecado”) yo podré reírme con él de eso si verdaderamente esa risa nace de la camaradería, de la fraternidad, del amor en definitiva. 
Creo, desde mi torpe y humilde opinión, que el respeto al otro está por encima de mi derecho a reírme “de lo que me dé la gana”. 
Así que desde la compasión por el dolor que en estos momentos están sintiendo los compañeros de los caricaturistas asesinados, “Je suis Charlie”, pero con respecto a la función de esta revista y a muchas de sus publicaciones: “Je ne suis pas Charlie”.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Acogeré

De Pepa Torres

Acogeré a quienes vienen del mar
O saltan la valla
Jugándose la vida en el intento,

perdidos, heridos, golpeados,
ante la indiferencia globalizada
de quienes juegan al golf impasibles

inhumanos…
Antes quienes legislan o acatan leyes
Que pretenden hacernos nuevos esclavos
 

Acogeré
Con abrazos y rebeldía cómplice
a quienes llegan con mirada perdida,
pero con brújula en su corazón insomne
y se mantienen erguidos, pese a tanto …..

Palmo a palmo acariciaré sus cicatrices
Y su dolor y mi memoria será infinita
para quienes nunca regresarán
engullidos en las aguas
o muertos a palos,
mientras en la distancia
Quedan los brazos vacíos
de tanto esperar.


Acogeré
A quienes llegan y portan sueños
De un mundo sin fronteras,
como nosotras a este lado…
para que sólo haya un lado.


Y nuestro abrazo será cómplice
y más poderoso que las alambradas
porque al grito de “Bossa”
Las desmantelaremos para siempre ….

 
 
                         Pepa Torres Pérez

                      (inspirado en un texto de Esteban Tabares)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Corrupción, ética, espiritualidad.


Tonadilleras, presidentes de comunidades autónomas, consejeros de comunidades autónomas, tesoreros, exministros, ministras, alcaldes, concejales, políticos en general, presidentes de clubes de fútbol, futbolistas, consejeros de bancos, banqueros, empresarios, funcionarios públicos, sindicalistas...todos implicados en casos de corrupción.
Esta mañana, el gobierno ha propuesto su plan de regeneración democrática. En el discurso tanto de unos como de otros nos hemos encontrado con más de lo mismo: poca humildad a la hora de reconocer lo propio, dimes y diretes de acusaciones al contrario, defecto en la contundencia de las medidas tomadas... y sobre todo y lo más acuciante de nuestra política, escaso análisis de la verdaderas causas de los problemas.
Sin embargo ha habido algunas afirmaciones lanzadas que me dan pie a esta apresurada reflexión.
Por un lado, el presidente del gobierno, en ese intento de nuestra mala política de quedar bien con todos, ha hablado de que no existía una corrupción sistémica. Que los españoles no éramos unos corruptos, que la mayoría de la gente sentada en el congreso no lo era tampoco. Por otro lado, el líder de la oposición Pedro Sánchez, ha hecho una afirmación con la que estoy de acuerdo. Ha hablado de "la corruptibilidad" del ser humano sobre todo cuando está en órganos de poder. 
Creo que ahí está la clave. Lo que ha sido una afirmación en la que no ha profundizado constituye el punto neurálgico que habría que tener en cuenta. Posiblemente, me diríais muchos, que ese debate no sea el propio para un foro como al que nos estamos refiriendo. De acuerdo. Pero no es un tema baladí, sino todo lo contrario. Y quizás sea un debate que haya que dejarle a otros ámbitos pero, ¿por qué no? esos foros no podrían tener una representatividad importante a la hora de asesorar e informar a nuestros políticos. Espacios en los que personas relacionadas con el mundo de las ciencias humanas pudieran participar (filósofos, antropólogos, psicólogos, sociólogos...) 
¿Es la corruptibilidad una característica del ser humano y sobre todo cuando éste accede a centros de poder? Evidentemente sí. Y siento discrepar (una vez más) con el presidente Rajoy: los españoles le sumamos a esa posibilidad inherente a la parte egoica del ser humano unos rasgos culturales (en los que no he indagado demasiado) propios del área mediterránea que hacen que esa propensión (a las corruptelas, a medrar, al apego, a cepillar el hombro, a meter la mano en el bolsillo llena de lo público, a pisotear, a "amigarse" con el que sea para pillar, etc. etc) a la corrupción sistémica sea todavía más fácil.
Nos ponemos las manos en la cabeza y quizás tengamos que ponérnoslas, sobre todo cuando nos roban lo que es de todos. Pero, siento decir que de la actitud de fondo pocos nos libramos. Conozco a mucha gente cobrando el Per y que en la vida ha dado una peonada en el campo. (Por poner un ejemplo). Eso también es corrupción.
Por eso, insisto, el problema no se arregla sólo con leyes que la hagan más imposible, porque la astucia del ser humano para lo sucio es sorprendente. Ya lo dijo Jesús: " los hijos de la tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz" Lc 16, 8. El problema hay que atajarlo de fondo y para ello hay ir a la raíz. Un debate público con especialistas sobre el tema, un gabinete donde estas personas preocupadas por la ética, puedan tener un peso en las decisiones politicas una importancia radical en las escuelas por la educación en valores, iniciativas en las que se promueva el que la política y los políticos sean "iluminados" por un conjunto de ideas nacidas de aquí... y todo lo que se nos ocurra, constituyen ideas a tener en cuenta. Incluso promover a gente de estos foros para que puedan acceder a la política. 
Y vuelvo a mi terreno, una vez más. El espiritualidad tiene mucho que ver con todo esto. Una espiritualidad no dogmática ni nacida de una moral informada, sino una espiritualidad de la consciencia, del reconocimiento de lo sagrado del ser humano, de aquello inalienable a ningún otro poder y mucho menos al dinero. La espiritualidad del cuidado, de la ternura, de la compasión, del respeto por la naturaleza. Una espiritualidad que nos devuelve a nuestro lugar real en medio del cosmos, no como ombligos, sino como partes integrantes de una unidad que es únicamente rota por el egoísmo
Y, claro que propondría que gente venida del mundo de lo espiritual, estén presentes en lo político. No puede ser de otra manera. Así lo político recobrará su auténtica vocación de servicio al ser humano. Gente no sospechosa de integrismo, con una clara vivencia interior y una apertura suficiente para no creerse en posesión de la verdad, venida de distintas tradiciones religiosas y con una clara vocación al diálogo afectivo y efectivo, y gente que no viene de ninguna tradición religiosa pero que entienda que lo espiritual forma parte inherente y fundamental del ser humano.
No bastan las leyes (como en todo) si no hay consciencia y conciencia. La conciencia se forma por la consciencia, la conexión con aquello más real que somos: compasión, amor, belleza.
Ojalá algún día esto acabe por entenderse y por incorporarse al quehacer social. Sólo así será posible un plan de regeneración democrática.

martes, 18 de noviembre de 2014

¿Sexualidad y religión forman una buena pareja?

De José Arregui en Redes Cristianas

“¿Sexualidad y religión forman buena pareja?”. Así se anunciaba un debate en el que participé el pasado mes de agosto en Larzac, bellísimo altiplano de Occitania (Francia), donde pastan miles de ovejas y se fabrica queso Roquefort.

Podría decirse, siguiendo con el símil, que sexualidad y religión se llevaron bien al principio, durante mucho tiempo, hasta que la segunda quiso someter a la primera. La sexualidad se sentía habitada por el Misterio Sagrado: la presencia del otro, el placer del encuentro, el milagro de la nueva vida que nace. Pero también se sentía rodeada de amenazas: no hay relación sin conflictos ni hay vida sin muerte.
El conflicto y la muerte son el precio de ese maravilloso invento de la Vida –maravillosa aventura– que es la sexualidad en orden a crear nuevas formas y especies de vida cada vez más complejas; las células que se multiplican reproduciéndose a sí mismas son inmortales, pero nunca pasan de ser perpetua repetición de lo mismo. Y la Vida busca novedad y evolución, pero también desea la difícil armonía de las partes, y no quiere ser devorada por la muerte. Así pues, como la vida misma, la sexualidad está rodeada de misterio y de peligros. Y ambos la llevaron a acercarse a la religión.
¿Y la religión? La religión fue “al principio” una fuente de aliento, más que un sistema religioso. Un ámbito sagrado de comunión, un horizonte de confianza, un camino amplio y libre para acceder a los bienes más excelsos que la Vida intuía en el fondo de su aventura sexual: la dicha de la relación y la plenitud de la vida sin fin. Cuando digo “al principio”, no me refiero a un tiempo, sino a la hondura de la Vida.
La religión fue infiel a sí misma: se olvidó de ser atención, cuidado, aliento, y se volvió sistema. Las religiones se volvieron fortalezas de poder patriarcal, guardianas del orden, autoritarias y celosas. Quisieron controlar la sexualidad y someterla a sus creencias y supersticiones, a sus normas y tabúes, y reducirla a simple función de la reproducción, mirando con recelo, cuando no condenando, todo placer sexual que no se orientara a la reproducción. “Entonces”, la sexualidad rompió con la religión y la expulsó de su casa –su templo de carne–. Y así es en nuestros días. Todavía hoy, cuando la sexualidad se ha liberado incluso de la función reproductiva, las religiones se empeñan por todos los medios en seguir ejerciendo el control sobre ella, pero ya no lo consiguen más que en reductos marginales de un mundo pasado. La sexualidad ha roto con los sistemas religiosos, porque los sistemas religiosos han roto con la vida.
En el debate de Larzac se proyectó primero el film israelí Kadosh. Narra la tragedia de dos hermanas del barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. La mayor, Rivka, está casada con Meir, y no tienen hijos; el rabino decide que la Torah obliga a Meir a repudiar a su esposa, dando por sentado que la esterilidad es cosa de la mujer y que una mujer estéril es un cántaro rajado, inútil. La pequeña, Milka, está enamorada de Jakob, pero es obligada a casarse con Joseph, un joven rabino. Dos mujeres rotas. Solo podrá sobrevivir la que se rebele contra ese orden religioso fundamentalista, asfixiante.
“Me ahogo”, dice Milka. Deja la familia, sale de Jerusalén. Al fondo se divisa la conocida vista panorámica: la explanada del antiguo templo judío, la Cúpula Dorada y la mezquita Al-Aksa, las torres de las basílicas cristianas. ¿Qué es, pues, realmente Kadosh, santo? Es aquello que permite respirar. Es el amor, con transgresión incluida.
¿Pero cómo es que las religiones han acabado queriendo someter la sexualidad hasta asfixiarla, declarándola impura? “Al principio” no fue así, sobre todo en las grandes religiones monoteístas.

¿No leemos en la Biblia judía el Cantar de los Cantares, tan bello y desinhibido y tan poco “religioso”? ¿No ha reconocido el cristianismo en el amor carnal un sacramento de “Dios”? ¿No han exaltado los poetas musulmanes el erotismo más refinado en los tonos más líricos?
Pero no basta con apelar a los orígenes o a los textos sagrados, pues en los orígenes de todas las grandes religiones y en sus textos sagrados están presentes también el machismo, la homofobia y la repulsa del sexo. Las religiones deben eliminar esos y otros residuos de un mundo pasado, aunque “esté escritos” en sus textos sagrados. Solo así podrán volver a su verdadero “origen”, inspirarse en la Vida e inspirar vida.
Por José Arregi en Redes Cristianas

jueves, 13 de noviembre de 2014

No me gusta el anuncio de la lotería de Navidad

Sí, de nuevo a aguar la fiesta, y en este caso, nunca mejor dicho… Una amiga es la que me ha dado la clave publicando otro comentario al respecto. Había algo que no me gustaba. Por supuesto que también se me han humedecido los ojos, pero he sido consciente de que no era más que esa emotividad fácil y que no te convierte en más sensible sino que como mucho te demuestra que te haces mayor. El actor es muy bueno para qué negarlo. La música no la conocía y me encanta. Y todos los ingredientes necesarios para generar el fenómeno de que todo el mundo hable bien de él. Había que resarcirse del que hicieron el año pasado que fue un auténtico esperpento y que al menos despertó la creatividad sarcástica de todos aquellos que hicieron miles de chistes. Pero bueno… pufff, casi que no me atrevo. Voy a tocar algo tan metido en el imaginario y en la idiosincrasia nacional que es casi como criticar el fútbol. ¿Qué es una navidad española sin la lotería?. Forma parte destacada de toda la parafernalia ornamental de esos días. El canto de los niños con los que nos criamos, la cercanía de las fiestas del consumo y, ¡oh amigos!, para consumir hay que tener dinero. Qué mayor generosidad que la de regalar un décimo de lotería que encima está premiado. Todo el mundo feliz, y los cavas mojando las cámaras de la tele y las cabezas de los premiados. Habría que preguntar a los que ganaron la lotería hace dos años si siguen siendo felices. Igual sí. Me diréis que le cuente este cuento antinavideño a los que no llegan a final de mes o no pueden pagar la luz y el agua, o simplemente no tienen con qué alimentar a sus hijos. Pero quizás debamos acordarnos de lo de siempre, que no hay más navidad que esa, y por citar tan sólo un ejemplo: la de los que duermen en los portales (y no de Belén) de los bancos o piden en la puerta de los grandes centros comerciales y a los que no les toca la lotería. Pero está bien hacer fiesta, armar ruido, brindar con cava, comprar lotería, emocionarse con el anuncio porque nos creamos que la solidaridad es eso. Pero la solidaridad no es, básicamente, regalar un décimo de lotería, aunque esté premiado. La solidaridad desgasta más, aunque luego te agrande el corazón. La solidaridad necesita tiempo, tesón, lucha, que no te entiendan, que te desacrediten. La solidaridad tiene que ver con los comparten lo que tienen, no sólo su dinero, sino principalmente su vida. La solidaridad huele a abuelos dando de comer a sus nietos y los hijos que tuvieron que volver; a indignados activistas en la puerta de una casa para que no echen a la anciana que la habita; la solidaridad tiene que ver con aquellos que escuchan semana tras semana a los desahuciados del sistema, y sufren con ellos y pierden noches de sueño buscando cómo aliviar la desesperación; o con aquellos que deciden irse a vivir entre los empobrecidos para hacerse cercanos, vecinos en las penas y en las esperanzas y que se quedan a su lado a pesar de los conflictos, del ébola, de las catástrofes…; solidarios son los que acogen en su casa a los que no tienen techo, los que defienden en los parlamentos, a pesar de que eso les haga perder votos, los intereses de los que siempre cuentan menos (éstos no abundan mucho), solidarios son los que se quejan de los muros, de las vallas, de la falta de derechos en las prisiones… Pero la lotería nos hace olvidar por un momento que hay pobres porque interesa que los haya para que haya ricos cada vez más ricos. Nos hace olvidar que los problemas económicos se arreglarían si la codicia no fuera el motor que mueve la sociedad. Nos hace olvidar a todos aquellos que se llevan el dinero del resto de ciudadanos a veces con más gloria que pena. Habrá que festejar con los pocos agraciados por la diosa fortuna porque quizás nunca más volverán a estar tristes. Y olvidar con la espuma del champán la crudeza de lo real, y la responsabilidad de los responsables y la nuestra propia...
Si voy a Madrid, como cada año, le compraré a mi padre el décimo en doña Manolita.